Lun
30
Dic
2019

Evangelio del día

Iba creciendo y la gracia de Dios estaba con él

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 12-17

Os escribo, hijos míos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre.
Os escribo, padres, porque conocéis al que es desde el principio.
Os escribo, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno.
Os he escrito, hijos, porque conocéis al Padre.
Os he escrito, padres, porque ya conocéis al que existía desde el principio.
Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno.
No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero—, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia.
Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Salmo

Sal 95, 7-8a. 8b-9. 10 R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor;
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. R/.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Reflexión del Evangelio de hoy

“El mundo pasa, pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre”

En estos días de la Octava de Navidad, la liturgia nos invita a reflexionar y orar los dos primeros capítulos de la primera carta del apóstol San Juan, carta que él divide en tres puntos: Caminar en la Luz, Vivir como Hijos de Dios, En las Fuentes de la Caridad y de la fe, encabezados por una bellísima y profunda introducción, que termina con una exhortación a orar por los pecadores junto con un resumen de la epístola.

Estos dos primeros capítulos de la Carta, están enmarcados dentro de la introducción y el primer punto: Caminar en la Luz. Y, a su vez, en este primer punto, el apóstol señala cuatro condiciones: romper con el pecado; guardar los mandamientos, sobretodo el de la caridad; guardarse del mundo y guardarse de los anticristos.

Concretamente, el texto que nos ocupa hoy, trata de la tercera condición: guardarse del mundo. Para este “guardarnos y defendernos del mundo” nos da unas claves y herramientas:

Su Nombre: En la concepción de los antiguos, el nombre es inseparable de la persona y participa de sus prerrogativas. Así, la invocación del Nombre de Jesús, evoca su poder. Jesús ha vencido al mundo y nosotros podemos vencerlo con sólo invocar su nombre.

Su Conocimiento: Cuanto más ahondemos en su misterio, nos acerquemos a Él para verlo, oírlo, palparlo y contemplarlo, menos fuerza tendrá el Tentador sobre nosotros.

Su Palabra: Que nos hace fuertes y da testimonio de su vida verdadera que permanece en nosotros.

Por último, nos exhorta a no amar el mundo ni lo que hay en él: la concupiscencia de la carne, de los ojos y el amor al dinero. Porque si amamos todo eso  el amor de Dios no está en nosotros, pues no se puede servir a dos señores(Mt 6,24), y es mejor servir a un REY que permanece para siempre, antes que a uno que pasa y se termina.

“Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación”

El evangelio nos muestra dos momentos: por un lado, el gozoso encuentro de Ana, una mujer consagrada al servicio de Dios día y noche, con Jesús niño, en el templo. Eso le hace alabar a Dios y hablar del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén, imagen del pueblo elegido. Y en segundo lugar, nos muestra en breves pinceladas, la vida oculta de Jesús.

Son dos momentos de contraste; por un lado el cumplimiento de las promesas: la llegada del Mesías esperado. Pero, ¿cómo es ese Mesías? ¿Se ajusta a las expectativas de los hombres de entonces y de ahora? ¿Quiénes son capaces de reconocerlo? En este caso se nos habla de una mujer anciana. En otros serán unos pastores… El mismo Jesús, ya adulto, dirá: Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla(Mt 11,25).

Por otra parte, el ocultamiento de ese “Mesías esperado” en la cotidianidad de la vida, en el desarrollo y evolución de un niño sometido a sus padres y al cumplimiento de la ley, nos muestra el misterio de la Encarnación de Dios que desmonta todas las falsas imágenes y expectativas que podemos tener de Él.

Señor, danos un corazón nuevo y sencillo para acogerte. Abre nuestros ojos para que podamos verte, pues eres el Dios-con-nosotros. Derrama tu gracia sobre nosotros y haz que no nos cansemos de hablarles a todos de ti.