Dom
29
Dic
2019

Homilía La Sagrada Familia

Ser y hacer familia: un reto de nuestro tiempo

Pautas para la homilía

"Dios bendice al que honra a sus padres"

 Dice un refrán castellano, que es de bien nacido ser agradecido, especialmente con aquellos que nos han otorgado la vida. Y todos hemos aprendido que en familia se forjan los ánimos y se fortalecen las voluntades. Que es allí donde se aprenden y se interiorizan las virtudes y los valores que regirán la conducta de nuestras vidas. Que nuestros padres además de la vida cuidan nuestro crecimiento y formación con todos sus recursos y gratuitamente.  Pero aquí en este fragmento del libro del eclesiástico nos dan una mejor razón para atender a nuestros progenitores.

La bendición y la escucha de Dios está asegurada para quien honra a sus padres. Ya en el decálogo que recibe Moisés en el Sinaí aparece este mandato divino: “Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé te va a dar”. El respeto por la familia, la unidad entre todos los componentes de la unidad familiar, es fundamental para que el Pueblo de Dios siga adelante. Dios trata a su pueblo como una gran familia, donde cada cédula familiar debe estar unida y cohesionada, mirando y alabando al Dios que bendice su prosperidad.

"La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza"

Si en la primera lectura aprendíamos a respetar a nuestros padres, a crear familia, porque la mirada de Dios agradece el respeto por nuestros padres, ahora aprendemos con San Pablo que también en la comunidad eclesial formamos una gran familia. Una unidad fraternal que recibe la bendición del Padre cuando fortalecemos nuestros vínculos de hermandad. Somos el pueblo elegido de Dios, pueblo amado que recibe la gracia del perdón y el amor del Padre. Formamos un único pueblo porque el Padre nos ha unido en la paz de Cristo, que ha de convertirse en árbitro de nuestra comunión.

Por eso  san Pablo nos conmina a vestirnos de misericordia, de  bondad, de humildad, de dulzura y comprensión. Valores que significan la certeza de una buena relación personal y  social. Vestidos de misericordia el prójimo se convierte en una parte de nosotros mismos. Nada del otro nos es ajeno, y todo los nuestro está a disposición del otro para subsanar cualquier injusticia o necesidad.  Entrelazados en esta nueva hermandad, damos gracias a Dios que nos ha convertido en hermanos y miembros de esta familia espiritual. Somos hijos de Dios y damos gracias porque la Palabra habita entre nosotros y nos ha convertido en hermanos.

"Toma al niño y a su madre y huye a Egipto"

Este evangelio de Mateo, en la fiesta de la Sagrada Familia, remarca la figura de José, como cuidador e intermediario de la salvación que Dios nos otorgó en Jesús. Es un relato extraño, que en un entorno de apariciones o teofanías, cuenta la marcha de la Sagrada Familia a Egipto. No tenemos certeza que fuera una huida real o simplemente una bajada simbólica para recuperar la imagen del Mesías salvador que supera su propio éxodo y nos entrega la nueva tierra prometida. El evangelista Mateo quiere ver en Jesús cómo se cumplen todas las profecías  sobre el Mesías. Un nuevo Moisés, un nuevo profeta, un rey salvador del pueblo nacido en Belén y promocionado en Galilea. Y José es el vehículo de realización de este plan salvífico.

Cuando muere Herodes, una nueva aparición del Ángel del Señor le manda volver a Israel con María y el Niño. Entonces José, como padre y cabeza de familia, toma la decisión de volver a Nazaret, cumpliendo lo dicho por los profetas, “que se llamaría nazareno”. Mateo está dando razón del mesianismo de Jesús a los interlocutores de su evangelio.

Pero para nosotros, en esta festividad después de la navidad, dedicada a la Sagrada familia, lo reseñable es ese tiempo de silencio en Nazaret, donde Jesús crece, vive y madura como persona humana, en el entorno de la familia. Hijo de un carpintero José y de su madre María, que seguirán sus pasos en la intimidad del hogar, y posteriormente en su vida pública.

Nazaret se convierte en lugar de silencio y formación, de secreto y sorpresa, de llamada a escuchar la voz de Dios y responder como lo hicieron José y María. También en Nazaret aprendió Jesús a escuchar la Palabra de Dios en la Sinagoga, las Escrituras y la historia de cada día. Jesús vive la realidad cotidiana de la familia, de los cuidados paternos, del aprendizaje, del calor y cariño de los suyos, y se forja para su futura misión de ser portador del amor del Padre para todos los hombres. La Sagrada Familia es la imagen de la nueva humanidad que Jesús quiere que formemos en su nuevo Reino de Dios, en la nueva Jerusalén terrestre. Salvados por Jesús, somos hermanos y miembros de la gran familia de Dios.

Hagamos que todas las familias cristianas, seamos germen de nueva creación para esta sociedad.

 Dña. Marisa Llaguno O.P. y D. Óscar Salazar O.P.

Dña. Marisa Llaguno O.P. y D. Óscar Salazar O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de San Martín de Porres (Madrid)
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