Ago
Homilía La Asunción de la Virgen María
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ”
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Reflexión del Evangelio de hoy
"¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!"
Cada año, la solemnidad de la Asunción de la Virgen María llega en pleno corazón del verano y encuentra a nuestro pueblo reunido en torno a la Madre. En Canarias, además, esta fiesta coincide con los días grandes de la fiesta a Nuestra Señora de Candelaria, patrona del Archipiélago. Miles de peregrinos llegan hasta su Basílica llevando en el corazón agradecimientos, peticiones, preocupaciones y esperanzas. La Iglesia, en esta fecha, nos invita a contemplar el destino glorioso de María y, al mismo tiempo, a descubrir lo que Dios quiere realizar en cada uno de nosotros.
"Proclama mi alma la grandeza del Señor"
La liturgia nos presenta el pasaje del Evangelio de la Visitación. A primera vista, podría parecer extraño que, para celebrar la glorificación de María en el cielo, escuchemos un relato que habla de un encuentro sencillo entre dos mujeres en una pequeña aldea de Judea. Sin embargo, ahí se encuentra una de las claves más profundas de esta solemnidad. María es llevada a la gloria porque antes supo vivir en la humildad. Es exaltada porque primero se hizo servidora. Su grandeza no nace de privilegios humanos, sino de su total disponibilidad a la voluntad de Dios.
El Magníficat que resuena en el Evangelio es el canto de una mujer que reconoce que todo es gracia. María no se coloca en el centro; pone a Dios en el centro. «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí». La Asunción es precisamente la culminación de esas obras grandes. Aquella que acogió la Palabra en su seno, aquella que acompañó a su Hijo hasta la cruz, aquella que permaneció fiel cuando muchos abandonaban, participa ahora plenamente de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.
"Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza"
La primera lectura, tomada del libro del Apocalipsis, nos habla de una mujer revestida de sol. La tradición cristiana ha visto en esta imagen una referencia a María, pero también a la Iglesia. En ella contemplamos la lucha entre el bien y el mal, entre la fidelidad y las fuerzas que intentan apartar al ser humano de Dios. María aparece como signo de esperanza en medio de ese combate. Su glorificación nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, que la historia humana no camina hacia el fracaso, sino hacia la plenitud que Dios ha preparado para sus hijos.
Esta verdad tiene una importancia especial para nuestro tiempo. Vivimos en una sociedad marcada con frecuencia por la incertidumbre, el desencanto y el miedo al futuro. Muchas personas cargan con el peso de la enfermedad, la soledad, las dificultades económicas o las heridas familiares. La Asunción proclama que nuestra vida no está encerrada en los límites de este mundo. Hemos sido creados para la comunión eterna con Dios. Lo que contemplamos realizado en María es la promesa de lo que Dios quiere realizar en toda la humanidad redimida por Cristo.
"Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios"
Por eso la devoción a la Virgen de Candelaria posee una fuerza tan particular. Desde hace siglos, los habitantes de estas islas han encontrado en ella una presencia cercana y maternal. Los peregrinos que llegan a su basílica no buscan solamente conservar una tradición; buscan una luz para el camino. Y no es casualidad que la imagen venerada en Candelaria lleve en sus manos a Cristo, la verdadera Luz del mundo. María nunca se anuncia a sí misma. Como en Caná, sigue diciendo: «Haced lo que Él os diga».
La familia dominicana ha encontrado siempre en María un modelo de escucha, contemplación y anuncio. Santo Domingo la invocaba con profunda confianza, sabiendo que ella conduce siempre al encuentro con Cristo. También nosotros, al celebrar esta solemnidad, estamos llamados a aprender de su fe. Una fe que escucha, que acoge, que persevera y que se convierte en servicio.
En este día de fiesta, mientras elevamos nuestra mirada hacia María asunta al cielo, renovemos nuestra esperanza. Allí donde ella ha llegado, estamos llamados a llegar también nosotros. Su glorificación no nos aleja de la tierra; al contrario, nos anima a vivir con mayor fidelidad nuestra vocación cristiana. Que Nuestra Señora de Candelaria acompañe a nuestro pueblo, fortalezca nuestra fe y nos ayude a caminar hacia Cristo, meta definitiva de nuestra peregrinación.