La Familia Dominicana celebra a Santo Domingo de Guzmán en distintos lugares de España
La solemnidad del fundador de la Orden de Predicadores reúne a comunidades y fieles en enclaves especialmente vinculados a su presencia y al carisma dominicano
Monseñor José Rico Pavés celebra Santo Domingo de Guzmán junto a las dominicas de Sanlúcar de Barrameda
El Convento de Madre de Dios de Sanlúcar de Barrameda acogió la celebración de la festividad de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, en una jornada especialmente significativa para la comunidad de religiosas dominicas que reside en este histórico convento.
La eucaristía estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, obispo de Asidonia-Jerez, quien quiso acompañar a las Dominicas en el día de su fundador, compartiendo con ellas una celebración marcada por la oración y la acción de gracias por el carisma recibido.

La fiesta de Santo Domingo de Guzmán tiene además una especial relevancia en la Diócesis de Asidonia-Jerez por la presencia de la Familia Dominicana en distintos puntos del territorio diocesano, donde su espiritualidad, su vida religiosa y su misión continúan formando parte de la riqueza de la Iglesia local.
Esta presencia se hace visible también en Jerez de la Frontera, sede de la Diócesis, donde el legado de los hijos de Santo Domingo sigue profundamente vinculado a la historia y a la vida eclesial de la ciudad.
La celebración vivida en Sanlúcar de Barrameda permitió poner en valor la aportación de la Orden de Predicadores a la Iglesia, desde la contemplación, la predicación y el anuncio del Evangelio, y renovar la gratitud por la presencia de las Dominicas en nuestra Diócesis.
Segovia celebra a Santo Domingo en la Santa Cueva
Uno de los lugares más estrechamente vinculados a la presencia de Santo Domingo de Guzmán en España volvió a acoger la celebración de su fiesta. La Santa Cueva de Segovia, espacio de oración y penitencia utilizado por el fundador de la Orden de Predicadores durante su estancia en la ciudad, reunió a fieles y miembros de la Familia Dominicana para celebrar la eucaristía en un enclave que conserva de manera singular la memoria de sus orígenes.
La celebración estuvo presidida por Fr. Germán Pravia, O.P., maestro de estudiantes de la Provincia de Hispania, acompañado por fray Francisco Javier Rodríguez Sánchez, O.P., y puso el broche al triduo celebrado en los días anteriores como preparación para la solemnidad de Santo Domingo.
Durante la homilía, Fr. Germán Pravia recordó precisamente esa unión entre contemplación y predicación que caracterizó la vida de Santo Domingo. Partiendo de la imagen de la estrella que tradicionalmente aparece sobre la frente del santo, señaló que su figura continúa invitando a los cristianos a ser también luz del mundo.
El predicador destacó cómo resulta especialmente significativo que una vida relativamente breve y apenas unos años desde la fundación de la Orden pudieran dejar una huella tan profunda en la Iglesia. La respuesta, explicó, se encuentra en la forma en que Domingo «se dejó habitar y traslucir por la Palabra de Dios», hasta convertir la predicación y el servicio a los demás en el centro de su existencia.

Para explicar esta relación entre oración y anuncio del Evangelio, Fr. Germán recurrió a la imagen de la respiración. Del mismo modo que una persona inspira y después exhala, Santo Domingo recibía la Palabra en la contemplación para entregarla después en la predicación. «Ese movimiento de inspirar y de exhalar es el mismo movimiento que Santo Domingo naturalmente tenía con la Palabra de Dios», señaló, evocando uno de los rasgos más característicos de su espiritualidad: «hablando con Dios y de Dios».
La homilía invitó también a no entender la imitación de Santo Domingo como una reproducción literal de su vida, sino como una llamada a descubrir el modo particular en el que cada persona puede reflejar a Dios. «No queremos ser clones de Domingo», afirmó Fr. Germán, sino aprender de él a convertirse cada uno en un «Domingo de Dios», custodio de la presencia de Dios que lleva dentro y capaz de comunicarla con su palabra y con su vida.
El Maestro de Estudiantes concluyó invitando a que la contemplación y la predicación sigan ocupando un lugar central en quienes se reconocen herederos del carisma dominicano: «Que sean buenas noticias nuestras llegadas, nuestros pies, nuestras palabras para los demás, para este mundo que necesita tanto buenas noticias».
La celebración adquirió así un significado especial al desarrollarse junto a la misma cueva en la que, hace más de ocho siglos, Santo Domingo encontraba en la oración la fuerza para salir después al encuentro de los demás y anunciar el Evangelio.