Ago
Evangelio del día
“ Uno solo es vuestro maestro, el Mesías ”
Primera lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel 43, 1-7a
El ángel me condujo al pórtico oriental.
Vi la Gloria del Dios de Israel que venía de Oriente, con un estruendo de aguas caudalosas. La tierra se iluminó con su Gloria. Esta visión fue como la visión que había contemplado cuando
vino a destruir la ciudad, y como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar.
Caí rostro en tierra.
La Gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental.
Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior.
La Gloria del Señor llenaba el templo.
Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre seguía de pie a mi lado, y me decía:
«Hijo de hombre, este es el sitio de mi trono, el sitio donde apoyo mis pies, y donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel».
Salmo de hoy
Salmo 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14 R/. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que le temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque Uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
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Reflexión del Evangelio de hoy
"La Gloria del Señor entró en el templo"
Leemos en este pasaje del Profeta Ezequiel, un profundo mensaje de esperanza.
Pertenece a una de las grandes visiones de Ezequiel, en el que se le manifiesta cómo la gloria del Señor viene de oriente y penetra en el templo llenándolo con todo su esplendor.
Dios había enseñado que no estaba ligado a lugar ninguno, pero aquí se trata de la inauguración de un templo nuevo, y eso nos habla de una nueva luz y una nueva comprensión de la gloria de Dios. De este nuevo templo saldrá el nuevo pueblo renovado por el espíritu, donde no será posible la hipocresía ni el dolor.
Pero desde luego tiene también una lectura más allá del templo físico de piedra y madera que sería el templo de Jerusalén. Y es que el nuevo templo es el interior de cada corazón donde Dios se ha instalado por su Espíritu comunicado en el bautismo.
Es en ese nuevo templo donde quiere el Señor habitar para siempre.
"Uno sólo es vuestro maestro"
No hay otra solución para el dilema en el que se encuentra encerrada toda la sociedad humana, incluidas las iglesias. Es necesaria cierta institucionalización. Pero al mismo tiempo, la institución tiene la inevitable tendencia de convertirse en un fin en sí misma (les gustan los primeros puestos, los asientos de honor y que los llamen maestro).
Jesús no acepta en la comunidad cristiana el “cada uno para sí”. Cumplid lo que os digan, aunque también denuncia el que a veces lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente.
El yugo de Jesús en cambio, es suave y su carga ligera, no porque su programa carezca de exigencias sino porque comparte con nosotros el mismo yugo y la misma carga.
La solución que nos ofrece es la fraternidad: Todos vosotros sois hermanos. Pero seguimos apegados a los títulos de padre, maestro o jefe, como si de ellos dependiera el futuro de la comunidad. ¿No deberíamos reconocer que más bien fomentan la vanidad de unos y la cómoda dependencia de otros?