Ago
Homilía XIX Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ Animo, soy yo, no tengas miedo ”
Introducción al Evangelio del día
"¡Ánimo, soy yo, no tengas miedo!". Estas palabras de Jesús constituyen el corazón del Evangelio de hoy y, de algún modo, también el corazón de toda la experiencia cristiana. Son palabras pronunciadas en medio de la noche, cuando los discípulos se encuentran lejos de la orilla, sacudidos por el viento contrario y dominados por el temor. No es casualidad que Jesús se manifieste precisamente en ese momento. Dios suele acercarse a nosotros no cuando todo está en calma, sino cuando sentimos el peso de nuestras fragilidades, cuando la incertidumbre nos desorienta y cuando el miedo amenaza con robarnos la esperanza.
Si somos sinceros, todos conocemos alguna tormenta. A veces es una preocupación familiar, una enfermedad, una pérdida, un fracaso, una decisión difícil o la angustia que sentimos por alguien a quien amamos. Hay momentos en los que, como los discípulos, tenemos la impresión de que el viento sopla en contra y de que nuestras fuerzas no son suficientes para llegar a la otra orilla. Precisamente en esos momentos resuena la palabra del Señor: "Ánimo, soy yo, no tengas miedo".
Esta frase no es simplemente una invitación a tranquilizarnos. Es una promesa de presencia. Jesús no dice: "No pasa nada" o "todo se resolverá pronto". Dice algo mucho más profundo: "Soy yo". Es decir, "estoy contigo". Y esa certeza atraviesa toda la liturgia de hoy. Cada una de las lecturas nos presenta una situación de miedo, de incertidumbre o de sufrimiento, y en todas ellas Dios se hace presente para sostener, consolar y devolver la esperanza a quienes confían en Él.