Oct
Evangelio del día
“ ¿Es lícito curar los sábados, o no? ”
Primera lectura
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 1-11
Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo que residen en Filipos, con sus obispos y diáconos. Gracia y la paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a mi Dios cada vez que os recuerdo; siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy. Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús. Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo en el corazón, porque, tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia. Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.
Salmo de hoy
Salmo 110, 1b-2. 3-4. 5-6 R/. Grandes son las obras del Señor
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.
Esplendor y belleza son su obra,
su justicia dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R/.
Él da alimento a los que lo temen recordando siempre su alianza.
Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1-6
Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y fariseos:
«¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados.
Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo:
«¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en seguida, aunque en día de sábado? ».
Y no pudieron replicar a esto.
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
"Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría"
Esa frase de san Pablo en la primera lectura, casi puede pasar casi desapercibida y, sin embargo, dice mucho. Pablo comienza la carta a los Filipenses dando gracias. No empieza señalando lo que falta, corrigiendo defectos o recordando obligaciones. Empieza agradeciendo a Dios la vida de aquellos hombres y mujeres con los que ha compartido el Evangelio.
No es poca cosa. Porque con frecuencia nos resulta más fácil descubrir lo que falta en los demás que reconocer lo que Dios ya está haciendo en ellos. También en nuestras familias y comunidades podemos acostumbrarnos tanto unos a otros que terminamos viendo antes los defectos que los dones, lo que nos molesta que lo que agradecemos, lo que debería cambiar que todo aquello que merece ser reconocido.
Pablo, en cambio, sabe mirar de otra manera: «El que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante». Es una invitación a confiar en los procesos. Dios todavía está trabajando en cada persona. Ninguno de nosotros está terminado. Y quizá una de las formas más hermosas de vivir unidos sea permitir que Dios continúe trabajando en el otro sin pretender hacer nosotros su trabajo.
"¿Es lícito curar en sábado?"
El Evangelio nos coloca ante otra manera de mirar. Jesús está comiendo en casa de uno de los principales fariseos y san Lucas señala un detalle significativo: «Ellos lo estaban espiando». También ellos miran, pero su mirada es completamente distinta. No miran para descubrir el bien, sino para encontrar un error.
Y aparece delante de Jesús un hombre enfermo. Entonces Jesús pregunta: «¿Es lícito curar los sábados o no?». Ellos callan.
La pregunta parece referirse al sábado, pero en realidad va mucho más lejos. Jesús está preguntando qué ocupa el centro de nuestra vida: la norma o la persona; el cumplimiento o la misericordia; aquello que siempre hemos hecho o la necesidad concreta de quien tenemos delante.
Jesús no desprecia la Ley. Lo que rechaza es una interpretación de la Ley que impida hacer el bien. Por eso toma al enfermo, lo cura y lo despide.
Hay situaciones en las que nosotros también podemos tener perfectamente claras las normas y, sin embargo, no saber qué necesita la persona que tenemos al lado. Podemos cumplir horarios, organizar nuestras casas, mantener nuestras costumbres y hacer correctamente nuestras tareas y, al mismo tiempo, pasar junto a alguien que necesita ser escuchado, acompañado o simplemente tratado con un poco más de delicadeza.
A veces esperamos una ocasión extraordinaria para vivir la caridad cuando la mayor parte de la caridad se juega en cosas pequeñas: en cómo respondemos, cómo escuchamos, cómo hablamos de alguien cuando no está presente, cómo acogemos sus limitaciones, cómo interpretamos sus errores.
Para la reflexión
El salmo de hoy proclama: «Grandes son las obras del Señor». Quizá necesitamos recuperar la capacidad de descubrir esas obras de Dios que suceden discretamente a nuestro alrededor. También las que Dios realiza en nuestros cercanos.
Pablo mira a su comunidad y da gracias. Los fariseos miran a Jesús y espían. Son dos maneras muy distintas de mirar.
Podríamos preguntarnos hoy sencillamente: ¿cómo miro yo a las personas con las que vivo o trabajo? ¿Con una mirada que agradece y espera, o con una mirada que controla y juzga?
Porque probablemente una comunidad empieza a cambiar no cuando todas sus integrantes son mejores, sino cuando aprendemos a mirarnos de otra manera. Y Pablo nos recuerda algo fundamental: Dios todavía no ha terminado su obra en ninguno de nosotros.