Oct
Evangelio del día
“ ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas! ”
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 6, 10-20
Hermanos:
Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire.
Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.
Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos. Pedid también por mí, para que cuando abra mi boca, se me conceda el don de la palabra, y anuncie con valentía el misterio del Evangelio, del que soy embajador en cadenas, y tenga valor para hablar de él como debo.
Salmo de hoy
Salmo 143, 1bcd. 2. 9-10 R/. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R/.
Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. R/.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 31-35
En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús:
«Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte».
Jesús les dijo:
«Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada. Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!
Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido.
Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.
Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
“Tomad las armas de Dios para poder manteneros firmes”
Pablo, después de toda una serie de consejos sobre la vida familiar, termina su carta exhortando a los cristianos a buscar su «fuerza en el Señor y en su invencible poder» con una llamada a armarse, no contra personas concretas, sino contra poderosos enemigos exteriores que nos acechan y persiguen: el pecado, la mentira, la tentación y las fuerzas espirituales que buscan apartarnos de Dios. Insiste en que debemos revestirnos con la “armadura de Dios” si queremos salir victoriosos en la lucha, se trata de vivir firmemente unidos a Cristo.
El primer elemento de esta armadura es el cinturón de la verdad. El discípulo de Jesús debe rechazar la mentira, la hipocresía y el autoengaño, buscando sinceramente la verdad revelada por Dios. La coraza de la justicia nos recuerda que la fe ha de manifestarse en una vida recta, mediante la gracia y la práctica de las virtudes. El calzado del evangelio de la paz indica que el cristiano debe estar dispuesto a anunciar a Cristo y a ser instrumento de reconciliación en la familia, la sociedad y la Iglesia.
El escudo de la fe permite apagar «las flechas incendiarias del Maligno»: dudas, miedos, resentimientos, desesperanza y tentaciones. La fe no elimina todas las dificultades, pero permite afrontarlas confiando en la Providencia. El casco de la salvación protege la mente y el corazón con la esperanza de la vida eterna. Finalmente, la espada del Espíritu es la Palabra de Dios, que ilumina la conciencia, corrige el error y fortalece al creyente.
Todo este combate debe sostenerse con la oración perseverante. San Pablo pide orar «en toda ocasión», por todos los santos y también por quienes anuncian el Evangelio. La oración cristiana no es una fórmula mágica, sino una relación filial con Dios, que nos hace humildes y disponibles para su voluntad.
En resumen, en este pasaje se nos recuerda que ningún cristiano puede vivir aislado ni confiar solamente en sus propias fuerzas. Necesitamos la gracia, los sacramentos, la Sagrada Escritura, la dirección espiritual prudente y la comunidad de la Iglesia. Revestidos de Cristo, especialmente mediante la Eucaristía y la Reconciliación, podremos perseverar en la fe, resistir al mal y ser testigos de la paz del Evangelio.
“No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”
La actividad de Jesús en Galilea, su popularidad, sus milagros, su predicación, preocupan a Herodes, siempre con miedo a perder el poder. Algunos fariseos advierten a Jesús: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». Pero Jesús, sin dejarse intimidar por la amenaza de Herodes (al que llama «zorro» para señalar que era un personaje astuto y manipulador), permanece libre y fiel. Su misión consiste en anunciar el Reino, liberar al hombre del pecado y sanar sus heridas para así cumplir la misión que Dios Padre le ha encomendado. Pues su vida no está gobernada por el miedo ni por los poderes humanos, sino por la confianza en su Padre y la total identificación con Su voluntad.
Jesús afirma también que «no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén». La ciudad santa, Jerusalén, centro de la vida religiosa del pueblo, lugar de la presencia de Dios, se convierte paradójicamente en el lugar de rechazo a la palabra de los profetas, por causa de la infidelidad repetida de Israel. Sin embargo, el lamento de Jesús no es de odio, sino de amor: «¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas!».
Este lamento revela la ternura maternal de Dios. En sus palabras, se percibe el dolor de Jesús ante la negativa de Jerusalén a aceptar su amor y protección. El Señor desea proteger, reunir y salvar, pero respeta la libertad humana: «No habéis querido». Prefiere respetar delicadamente la libertad humana, y acepta el rechazo, aunque le duelan las consecuencias que trae vivir de espaldas a Dios: «Mirad que vuestra casa se os va a quedar desierta», les advierte. La condena no procede de una falta de amor divino, sino del rechazo voluntario de la gracia.
También nosotros podemos resistirnos a su llamada por miedo, comodidad, orgullo o apego al mundo. La Iglesia debe anunciar el Evangelio con valentía, sin acomodarse a las presiones del poder, pero siempre con caridad y espíritu de conversión. Cristo sigue llamándonos a refugiarnos bajo sus alas.