Lun
24
May
2010
No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en Él.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego-llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

Salmo

Sal 110, 1-2. 5-6. 9ab y 10c R. El Señor recuerda siempre su alianza.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.

El da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles. R/.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza;
la alabanza del Señor dura por siempre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salta Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: -« ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: -«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: -«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -«¡ Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! »
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: -«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Después de la Cuaresma y de la toda la Pascua, retomamos hoy el Tiempo Ordinario.
El Tiempo Ordinario no es una vuelta a la rutina, a la monotonía (que bien podía ser), sino que el Tiempo Ordinario es un tiempo cargado de la belleza de lo sencillo, donde se juega la Felicidad.

Iniciamos, además, este tiempo con una Memoria Obligatoria dominicana: la traslación de cuerpo de Nuestro Padre Domingo. Esta es una memoria donde se celebra lo sencillo. Por parte de Santo Domingo, su voluntad de ser enterrado a los pies de los frailes. Por parte de los frailes, la negación a un culto desmesurado, lleno de barroquismo, de quien era el Patriarca (el padre) de la Orden.

Tanto la primera lectura de la 1Pe. como el Evangelio tienen un hilo conductor: descubrir lo nuevo que hay en lo conocido, en lo sabido, en lo asumido; es decir, abrir los ojos a nuestra cotidianidad y contemplar lo que hay en ella y que pasa desapercibido o que pasa por “normal” o habitual. Tendemos a no valorar lo gratuito, lo que creemos que es normal; al ser “algo” normal, habitual en nuestra vida, no le damos valor. ¿Por qué? Porque es normal. Por ejemplo, “hacer la comida” o “ordenar la habitación” es algo normal, que hacemos todos los días, pero es algo que más allá de hecho de hacer la comida, se encuentra nuestra capacidad de creatividad para hacer cada día un plato distinto o el cariño con el que se hace la comida para que disfruten los comensales... Ir más allá del hecho, de lo que se ve, y ver lo que hay detrás, es contemplar la misma realidad de todos los días con ojos sabios, con los ojos salvadores: “No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en Él”.

Por último, un matiz. Miremos la reacción del hombre rico cuando Jesús le apunta que venda todo lo que tiene, que lo reparta a los pobres y que le siga, si quiere heredar la vida eterna. (En la Escritura donde pone vida eterna o salvación podemos sustituirlo por Felicidad; quizás esta la palabra Felicidad resuene con más fuerza en las vidas de las personas) La reacción es de tristeza, de pesadez, de amargura... No se la ha dado Dios , sino que la ha elegido el hombre libremente. En definitiva, el rico ha renunciado a su propia Felicidad, a la riqueza del corazón, de lo profundo, donde se encuentran nuestras raíces. ¿Por qué? Porque no ha sabido contemplar lo sencillo de la vida.