Jue
20
May
2010

Evangelio del día

Séptima semana de Pascua

Que sean uno como tu Padre estás en mi y yo en ti, para que el mundo crea que tu me has enviado.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: - «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos.» Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: - «No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?» El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel. La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: - «¡Animo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»

Salmo

Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: - «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Espero la resurrección de los muertos”

Pablo, testigo de la resurrección de Cristo, pone como cimiento de la fe cristiana el triunfo de Cristo sobre la muerte:”Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe sería vana”(1Cor 15,17)
Pero, Pablo también es fariseo y como tal cree desde antes de conocer a Cristo, en la resurrección de los muertos y la existencia de los ángeles, cosa que negaban los saduceos.
Pablo es sagaz, y ve que en el juicio al que se enfrenta, puede tener de su parte a los fariseos que habían acudido al juicio, por eso, se presenta como fariseo e hijo de fariseos y que está allí por creer en la resurrección. Con este argumento, divide a la asamblea y logra que, por el alboroto que se produce, no se realice el juicio.

Por parte del Señor, durante la noche recibe ánimos para seguir dando testimonio de la resurrección.

Seamos también nosotros, testigos de Cristo resucitado., con nuestra Palabra y con nuestra vida.
 

  • “Que sean uno como tu Padre estás en mi y yo en ti, para que el mundo crea que tu me has enviado”


Jesús, al final de su discurso en la última Cena, pide al Padre por la unidad de todos sus seguidores:”Que sean uno, como tu Padre estás en mi y yo en ti, para que el mundo crea que tu me has enviado”. Si miramos a la historia de la cristiandad, vemos la gran desunión existente entre los que nos llamamos cristianos, todos decimos que seguimos a Cristo, única Verdad, pero nuestra verdad, está dividida, todos nos creemos poseedores de toda la verdad ¿Cómo podemos ser testigos de su reino ante tanta división?.

Ya en tiempo de los apóstoles, Pablo, llama la atención de aquellos que dicen:”Yo soy de Pedro, yo de Pablo, yo de Apolo, ¿Esta Cristo dividido?, todos somos de Cristo y Cristo de Dios”.

Unamos nuestra oración para que el Espíritu Santo, en este Pentecostés, nos conduzca entendamos el mensaje y nos abramos única Verdad , haciendo, en lo posible, el deseo Jesús” ¡Que sean uno…!