Sáb
10
Abr
2021
Les echó en cara su dureza de corazón

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 13-21

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús, pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:
«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.

Salmo

Sal 117, 1 y 14-15. 16-18. 19-21 R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos R/.

«La diestra del Señor es poderosa.
La diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R/.

Abridme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

Reflexión del Evangelio de hoy

Es evidente el milagro…les prohibiremos con amenazas

Jefes del pueblo, ancianos y escribas, sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro y los demás que sois familias de sumos sacerdotes…A vosotros, arquetipo del miedo en la condición humana, os digo:

 -No tenéis más autoridad que la que dimana por la fuerza de la extorsión, manipulación, amenazas. Es la actuación propia de la gente necia: «por más que miran, no ven, por más que oyen, no entienden»(cfr. Mc 4,12).

Cerrazón frente a lo evidente. Tan sólo se permite la sorpresa (estaban sorprendidos), abortando cualquier búsqueda que dé razón a la respuesta no hallada.

Se opta por la tiniebla frente a lo diáfano, deliberando posibilidades para seguir anclados en lo que supone mordisco de iniquidad, vileza.

Bien sentenciaba el salmista: «El malvado…renuncia a ser sensato y a obrar bien; se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad» (Sal 35, 4-5).

Cabe preguntarse: - ¿Y yo? ¿Soy botín de la complicidad de turno, porque me puede más la deseabilidad social que la autenticidad en mi vida?; o por el contrario, -¿me ATREVO a que ese Pedro y Juan que porto en mi esencia ponga en tela de juicio a ese Sanedrín inoculado en mi interior y que se llama personaje, que moviliza mi rutina y convencionalismos en aras de lo religiosamentecorrecto y me trae a mal traer? Se sienta en el banquillo de los acusados al personaje cuando me atrevo a preguntarme y cuestionar: « ¿es justo a los ojos de Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él?».

Como siempre, la elección a tomar está servida.

Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón

María Magdalena, la primera predicadora del triunfo de la VIDA sobre la muerte, ha experimentado hasta los tuétanos el Amor de Dios manifestado en su Hijo Jesús, el Cristo. En ella se cumple el vaticinio del salmista: «viviré para contar las hazañas del Señor» (Sal 117,17).

Quien se cierra a esta experiencia la niega y por ello lo que debiera suponer duelo y lágrimas eventuales se convierte en constante de vida. Son pasto de la incredulidad. La fe en el Resucitado se visiona como un asunto gazmoño, irracional, enarbolando la bandera del sentimiento apoyado en la razón.

Incredulidad y dureza de corazón en el Sanedrín y sus esbirros e incredulidad y dureza de corazón en el grupo de los discípulos de Jesús de Nazaret. En los primeros, el origen del escepticismo viene de la mano del peligro de perder su poder y estatus económico fruto de ostentar el liderazgo religioso. En los segundos encontramos una fe horizontal, muy a la pata llana, aún no zambullidos en la coordenada vertical. Eso acontecerá en Pentecostés.

La cuestión se dilucida en dar o quitar crédito a la Palabra de Dios.

Abrahán, nuestro padre en la fe «pensó que Dios tiene poder para resucitar al hombre de entre los muertos» (cfr. Hb. 11,19).

No es tema baladí.

Y tú, ¿lo crees?