Sáb
24
Dic
2011

Evangelio del día

Cuarta semana de Adviento

Vete y haz cuanto piensas pues el Señor está contigo

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16:

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»
Natán respondió al rey: «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mi hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Salmo

Sal 88 R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R/.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,67-79

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Vete y haz cuanto piensas pues el Señor está contigo

Una promesa hecha entre Dios y David. Un pacto que mantendrá la esperanza del pueblo en momentos difíciles. Desde esta promesa los acontecimientos en la casa de David pueden ser interpretados como parte del plan de Dios.

En el texto Dios habla a Natán para que vaya a David a decirle “¿Eres tú quien va a construirme una casa para que yo habite en ella?” Cuando en realidad es el mismo Dios quien quiere construir la casa y construir una casa firme. Así lo dice David antes de morir “firme ante Dios está mi casa, porque ha hecho conmigo un pacto para siempre”. Un pacto que hará crecer la esperanza mientras David mantenga su lámpara encendida, su luz ayudará a que nada quede definitivamente perdido. En esta semana en la que llega a su fin el Adviento, nuestras lámparas sigan encendidas para la gran celebración de esta noche, de la venida, de la presencia de Dios entre los hombres. El Adviento nos ha hecho saber esperar, encontrar una alegría distinta. Pero en la promesa que David recibe de construir una casa, no es para quedarse instalado, es una promesa de continuidad. Dios va a nacer para seguir caminando por la Tierra, por la Historia.

  • Nos visitará el Sol que nace de los Alto

Estamos en la Vigilia de la Navidad del Señor, y la Palabra de Dios que resuena en la Iglesia es la actualización de las profecías mesiánicas, invitándonos a dar gracias y a la alabanza por la inminente venida del Salvador. Bendecimos al Señor, Dios de Israel; el Dios de la historia del pueblo judío, del primer testamento y el Dios de la Iglesia, el pueblo de la segunda alianza, en su Hijo Único. Lo bendecimos porque rescato a la familia humana del terror y de los poderes del enemigo, llevándonos a un mundo libre donde existe la presencia de Dios. Le bendecimos porque nos dio un soplo de esperanza, en una tierra en la que existía cansancio, odio, mentiras… Le bendecimos porque podemos servirle sin miedos en su presencia, con santidad y justicia, toda la vida. Le bendecimos por su misericordia maternal que nos visitó desde lo alto en lo bajo de la tierra por medio de la Encarnación. Le bendecimos siempre porque Jesús es la Luz que ilumina a todos los hombres con su venida al mundo, guiando nuestros pasos por el camino de la Paz.

“Cerremos la puerta detrás de nosotros. Escuchemos con oído atento la inefable melodía que resuena en el silencio de esta noche. El alma silenciosa y solitaria canta al Dios del corazón su canto más suave y afectuoso. Y puede confiar que él le escucha… Como es Navidad, como la Palabra se ha hecho carne, Dios está cerca… De hecho, la última cosa se dice solamente en el silencio de la noche, cuando, por la llegada llena de gracia de la Palabra en la noche de nuestra vida, se ha hecho Navidad, noche santa, noche de silencio.” ( K. Rahner)