Mié
22
Ene
2014
¿… salvar una vida, o destruirla?

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 17, 32-51

En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y éste le dijo:
«Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo».
Pero Saúl respondió:
«No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad».
David añadió:
«El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo».
Entonces Saúl le dijo:
«Vete, y que el Señor esté contigo».
Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto.
El filisteo le dijo:
«¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?».
Y maldijo a David por sus dioses.
El filisteo siguió diciéndole:
«Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».
David le respondió:
«Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanzas, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos».
Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió la mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra.
Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano.
David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.

Salmo

Sal 143, 1. 2. 9-10 R/. ¡Bendito el Señor, mí alcázar!

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R/.

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. R/.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenia la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Yo voy hacia ti en nombre del Señor de los ejércitos

Este conocido relato de la lucha de David y Goliat, está lleno de signos de fe por parte de David. En primer lugar, se presta voluntario y está tranquilo en una situación de desánimo para su rey: Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo.

David está tranquilo porque ha sabido leer en su historia de vida lo que el Señor ha hecho: El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo. Y es en nombre de ese Dios como se dirige a su enemigo: Yo voy hacia ti en nombre del Señor de los ejércitos.

David está seguro de que Dios mismo lo hará: Hoy te entregará el Señor en mis manos. Y eso debe llevar al lector al agradecimiento y al reconocimiento: Y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel.

Por último, David está convencido de que su asunto es un asunto del Señor: Esta es una guerra del Señor. Este último detalle recuerda mucho al diálogo de vocación entre Moisés y Yahveh, en el que Dios dice: he visto el clamor de mi pueblo… y yo voy a bajar a librarlo (Ex 3).
Podemos preguntarnos hoy: ¿Veo a Dios en mi vida y en mi historia? ¿Siento que le preocupa lo mío, lo nuestro, y que puedo vivir en absoluta confianza?

  • Se pusieron a planear el modo de acabar con él

En este relato, Jesús lleva al límite su provocación, si por provocación entendemos actuar permanentemente contra el orden establecido. En el capítulo anterior, perdona los pecados al paralítico…, come con pecadores…, no respeta el ayuno…, y recoge espigas en sábado... En este relato, cura a un hombre en sábado, lo que, en el colmo de la exasperación, lleva a los fariseos y herodianos a “planear el modo de acabar con él”.

Es sorprendente ver que en el versículo 3,6 de este relato, Jesús ya está condenado a muerte. Eso nos ayuda a entender que la muerte de Jesús no fue consecuencia solo de una traición, es consecuencia de la coherencia de toda su vida, de su apuesta radical por el ser humano.
Jesús no tiene límites ni leyes cuando se trata de la vida de las personas, por eso pregunta “¿qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal; salvar una vida o destruirla?” Porque de eso se trata en definitiva. Su objetivo no es cumplir la ley, sino dar vida en abundancia (Jn 10,10).

Jesús no buscó la confrontación, pero no la rehuyó cuando estaban en juego la vida y la dignidad de las personas. Por eso dice este pasaje: “mirándolos con indignación y entristecido por la dureza de su corazón…” Decididamente, su proyecto de vida choca con el judaísmo oficial, y ha de asumir el conflicto.

Estamos en la semana de la Unidad de los cristianos. Tenemos en común lo más importante: Jesús y su proyecto del Reino. Pidamos al Señor que nos dé a todos su pasión por la vida, por las personas, y que, como él, sepamos vivir en coherencia hasta el final.