Jue
20
Dic
2012

Evangelio del día

Tercera semana de Adviento

Bendita tú, entre las mujeres

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14

En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:
«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».
Respondió Ajaz:
«No lo pido, no quiero tentar al Señor».
Entonces dijo Isaías:
«Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel».

Salmo

Sal 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6 R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede entrar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • El Señor nos dará una señal

El profeta Isaías formula su oráculo contra corriente. En un momento crítico para el reino de Judá, el profeta dice al rey Acaz que, frente a las alianzas políticas, confíe en la promesa de Dios, que pida una señal. Éste se escuda en su religiosidad para no hacerlo, cuando lo cierto es que perdió su confianza en Yahvé. No obstante, los planes de Dios no se tuercen pese a los dirigentes y al pueblo que no están por la labor. ¿Cuál es la prueba, la señal, de la confianza en Dios? Que nacerá el sucesor, por nombre simbólico Emmanuel, cuyo nacimiento garantizará la dinastía davídica y reafirma la fidelidad de Dios a la promesa que hizo a David. Oráculo de hondo alcance profético: la salvación apunta hacia el Salvador, como así lo da a entender su lectura cristológica y mariana.

  • Bendita tú, entre las mujeres

María recibe la noticia de los planes que Dios tiene sobre ella. Y puesto que no se ve con los requisitos necesarios pregunta cómo será posible. Será el Espíritu el autor de un nuevo acto creador de Dios: de esta mujer nazarena nace la nueva humanidad. Es hermoso lo que Dios hace con todos nosotros por medio de la joven María, la servidora de la Palabra, la que sabe que Dios ha hecho en ella maravillas que trascenderán de generación en generación. ¿Hay algo imposible para el amor de Dios? Por ello, quien nacerá de María será alguien más que el mesías esperado de los hebreos y alguien muy distinto a un descendiente davídico, porque en el seno de María será engendrado el Hijo de Dios, Dios entre y con nosotros. Toda una página de alegría total: el saludo, la respuesta, el clima, los silencios, los efectos salvadores. ¡Bendita tú, María!