El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.»

Salmo

Sal 24 R/. A ti, Señor, levanto mi alma

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados. R/.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 17-27

Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: - Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: - Tu hermano resucitará. Marta respondió: -Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice: - Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: -Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”

Acostumbrados como estamos a que los Medios de Comunicación nos sirvan casi siempre malas noticias, Jesús de Nazaret, por el contrario, es el gran anunciador de buenas noticias. Todo su mensaje es evangelio, es decir, buena noticia.

En este día de la conmemoración de todos los difuntos, una de las buenas noticias que nos da es que hemos sido creados para la vida y no para la muerte. Ahondado en nuestro interior podemos descubrir en él este fuerte anhelo de vida.

Hay un primer dato, que bien podemos calificar de universal. El deseo de felicidad, de una vida plenamente feliz, recorre el corazón de todo hombre. No hace falta profundizar mucho en nuestra alma para encontrar en ella este deseo. Nos gustaría vivir siempre, pero no de cualquier manera, no como vivimos ahora donde la luz y las tinieblas se mezclan, donde la alegría y los dolores están entrelazados. Nos gustaría vivir disfrutando continuamente de la plena felicidad, donde todo lo negativo, eso que ahora nos hace sufrir, desapareciera para siempre. Nos gustaría vivir así, no 20, 30, 100 años, sino durante toda una eternidad.

Nos podemos preguntar si este deseo universal de inmortalidad no será como otros tantos deseos nuestros que nunca se cumplen. Y es aquí cuando la persona de Jesús, nuestro Maestro y Señor, verdadero Dios y verdadero hombre, viene en nuestra ayuda y disipa nuestras dudas y tinieblas. Jesús sale a nuestro encuentro en el evangelio de hoy y nos da una buena y estupenda noticia: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá: y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

Jesús nos asegura que nuestro destino no es la muerte, la nada, el cementerio, el crematorio… Nuestro destino es la vida en plenitud, la felicidad total. Dios nos ha creado no para la muerte sino para la vida, para que disfrutemos de la vida totalmente feliz. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado…Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor”. Podemos y debemos mirar nuestro futuro no con miedo, con angustia sino con profunda esperanza, sabiendo que lo mejor de nuestra vida está por venir. Al terminar nuestro trayecto terreno nos espera Cristo Jesús para decirnos: “Venid, benditos de mi Padre, a disfrutar del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.