Nov
Evangelio del día
“ Nadie va al Padre, sino por mí ”
Primera lectura
Lectura del libro de la Sabiduría 4, 7-15
El justo, aunque muera prematuramente,
tendrá descanso.
Una vejez venerable no son los muchos días,
ni se mide por el número de años,
pues las canas del hombre son la prudencia
y la edad avanzada, una vida intachable.
Agradó a Dios y Dios lo amó,
vivía entre pecadores y Dios se lo llevó.
Lo arrebató para que la maldad
no pervirtiera su inteligencia,
ni la perfidia sedujera su alma.
Pues la fascinación del mal oscurece el bien
y el vértigo de la pasión
pervierte una mente sin malicia.
Maduró en poco tiempo, cumplió muchos años.
Como su vida era grata a Dios,
se apresuró a sacarlo de la maldad.
La gente lo ve y no lo comprende,
ni les cabe esto en la cabeza:
la gracia y la misericordia son para sus elegidos
y la protección para sus devotos.
Salmo de hoy
Salmo 26, 1. 4. 7. 8b. 9a. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.
Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el señor. R/.
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 5-11
Hermanos:
La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!
Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!
Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomas le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor
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Reflexión del Evangelio de hoy
Agradó a Dios, y Dios se lo llevó
El texto refleja el desconcierto que para el autor del libro de la Sabiduría suponía que una persona justa muriera joven, sin haber disfrutado apenas de la vida que, por su fidelidad, parece que merecía. No obstante, el sabio indica que la muerte prematura reporta liberación de trabajos y sufrimientos, hace escapar del entorno corrupto que según el autor envuelve a la juventud, y, puede que el joven haya llegado en poco tiempo a la perfección. No es mejor ni peor la vida más larga, sino la más virtuosa, a decir del clásico. Los ojos de la fe son los que permiten la comprensión de este hecho; para otros ojos es un patente contrasentido. Por eso bueno es ver el misterio de nuestra vida y de nuestra muerte desde la fe en nuestro Padre que siempre nos privilegia con misericordia y puro amor.
Seremos salvos por su vida
Pablo tiene muy claro su mensaje: que Dios Padre nos ofrece a todos, y de modo gratuito, la salvación por medio de Jesucristo. Y todo por un amor tan fuerte que nada ni nadie es capaz de separarnos de él. La muerte de Cristo, incomparable icono del amor de Dios respecto a todos nosotros, es la fuente de donde brota tanta misericordia; porque en ese amoroso abrazo se incluye también el amor a los enemigos. Por eso, nuestra esperanza no depende tanto de la fidelidad humana cuanto de la magnanimidad del amor de Dios con todos nosotros. Tanto amor a nuestro servicio nos habilita para vivir en serena cordialidad reconociéndonos como hermanos, para así gloriarnos del Dios Padre que nos ama tanto, tanto… que nos lo ha dado todo en su hijo Jesucristo.
Nadie va al Padre, sino por mí
Es de agradecer este texto en la liturgia de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, cuando la tradición en su entorno adolece de cierta necrofilia que silencia la tensión creyente de la esperanza y el hecho de que los nuestros siguen viviendo con nosotros en el corazón. En palabras que forman un adiós Jesús se titula como la vía que nos lleva al Padre, a la vida. En Cristo caminamos, en Cristo aprendemos a vivir la vida en plenitud y en Cristo topamos con la verdad que necesitamos y buscamos. Todo ello vivido como bondad que nos inmuniza frente a la impotencia y mentiras con las que adornamos nuestros días. Queremos vivir, no morir, es evidente, y con la mochila de la fe, vivir siempre y con sentido, y con Cristo eternamente. Desterremos el agobio y el ruido, incluso la inevitable frivolidad de nuestros días, y creamos en Él, como nos lo pide, excelente manera de vivir cada día.
¿Agradece la comunidad cristiana a los que nos han precedido y están en la otra orilla que elevaran la calidad de nuestra convivencia y nos la entregaran mejor que ellos la encontraron?