Jue
15
Sep
2016
Junto a la Cruz estaba su madre

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Salmo

Sal 117 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.»
No he de morir, viviré para contar
las hazañas del Señor. R/.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Reflexión del Evangelio de hoy

Leemos en estos versículos de la Primera carta a los Corintios uno de los primeros “credos” que recitaban las comunidades primitivas como una fórmula de profesión de fe concentrada en “tres acontecimientos históricos”: la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo. Y además Pablo repite la fórmula “según las Escrituras” como mostrando que son hechos esenciales en el plan de Dios para la salvación del mundo.

Algunos cristianos de Corinto negaban la resurrección de los muertos, por ello Pablo parte de la proclamación evangélica: el misterio Pascual de Cristo muerto y resucitado y va enumerando varias de sus apariciones: a Cefas, a los Doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles y a él, como el último de los apóstoles; pero es ésta, una lista no exhaustiva de testigos que se beneficiaron de las apariciones del “resucitado”.

Pablo habla de sí mismo diciendo que es indigno del nombre de apóstol porque ha perseguido a la Iglesia de Dios, pero por la gracia de Dios “Pablo ha muerto a su pecado y ha resucitado con Cristo”. La “gracia” no trabaja sin nosotros y con ella hacemos mucho más de lo que lograríamos con nuestras solas fuerzas. Pues por gracia somos hijos de Dios, y por la gracia somos capaces de “ver maravillas” en los hombres y de “hacer maravillas” con los hombres. Acaso no está la gracia “naciendo” en cada ser humano cada día y en todo momento, ¿lo notas? Esta gracia de Dios en nosotros es una buena aliada para caminar en la vida.

  • María está con nosotros

Nos relatan estos versículos el último diálogo de Jesús con su madre. Leemos “Junto a la Cruz estaba su madre” porque en momentos difíciles, de sufrimiento “su madre estaba” como lo está con nosotros, pero solo Juan menciona su presencia. Él lo sabe y lo cuenta porque estaba junto a la Cruz y gracias a su presencia y a su mención en el texto evangélico, nosotros sabemos que María estaba junto a su hijo, como sabemos que está con nosotros, está junto a nosotros siempre, en los momentos difíciles y en lo fáciles, en situaciones de sufrimiento y de alegría, en este “valle de lágrimas” y siempre.

El llamar Jesús a su madre “mujer” parece indicar un acto que sobrepasa la relación filial, proclamando la universal maternidad espiritual de María con respecto a los creyentes que estamos representados por el discípulo amado. Todos nosotros estamos invitados a acoger a la madre del Señor en nuestra casa y en nuestra vida.

Celebramos la Virgen de los Dolores, y reza un himno en este día: “La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba, mientras el Hijo pendía; cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía” (LH Vol. IV Pág. 1189); es la Virgen dolorosa y a ella “suspiramos, gemimos y lloramos”, cuando recitamos la Salve porque el mundo es “tierra de María” y a ella le rogamos “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Estamos llamados a ser cristianos marianos, creyentes en Jesús y en María; una madre siempre está “junto” a sus hijos ¿lo notas? María es una buena aliada para caminar en la vida.