Mié
21
Sep
2016
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13:

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Salmo

Sal 18 R/. A toda la tierra alcanza su pregón

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los limites del orbe su lenguaje. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Llamada, ayer a Mateo; hoy, a nosotros

En el Evangelio tenemos ejemplos de llamadas diversas y a muy distintas personas por parte de Jesús. Hoy hemos proclamado y estamos celebrando la llamada a Mateo. ¿Porque era mejor que los demás? Aparentemente no. Mateo era un publicano, recaudador de impuestos, pecador para los fariseos y despreciado por los judíos por colaborador con Roma y, al menos ocasionalmente, extorsionador.

Los criterios de Jesús al llamar, sanar, atender y salvar no son nuestros criterios ni los de aquellos fariseos que se creían los elegidos, por perfectos y cumplidores. Dios no llama sólo a los buenos, inteligentes y estrictos observantes; llama a todos, ofreciéndoles la filiación, y, como contrapartida, la fraternidad universal. Y nos llama, no por nuestros méritos, sino por los suyos; porque él el bueno y santo.

Si Jesús no tuvo ni tiene acepción de personas, nosotros, sus seguidores, tampoco podemos tenerla. La actitud abierta, transparente y universal de Jesús debería ser hoy la nuestra. Siguiendo el ejemplo del Santo Padre Francisco, nuestra única predilección debería ser la compasión y misericordia hacia los más desvalidos, pobres, solos, enfermos y necesitados.

  • Respuesta de Mateo

Si la llamada es universal, ¿qué pasa con la respuesta? ¿Por qué tiene Jesús tan pocos seguidores? Porque Jesús llama invitando, no empujando; respeta escrupulosamente nuestra libertad y nos ayuda con su gracia para no equivocarnos en la decisión que tomemos; pero, seguimos siendo libres. El libro del Apocalipsis lo expresa así: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).

Además de libre, la respuesta, si se da, exige un cambio de vida hacia el estilo de Jesús. Mateo secunda inmediatamente la invitación de Jesús, abandona el mostrador de los impuestos y se pone en camino cambiando de dirección. Abandona su pasado, por más gratificante que le pudiera parecer, y acoge al Señor en su casa, como Zaqueo, como Lázaro, Marta y María y como sus mejores amigos y discípulos. Nunca sabremos cómo discurrió aquel banquete, pero intuimos que Jesús propició que Mateo y sus amigos invitados empezaran a gustar, aunque de forma incipiente, el sabor nuevo del banquete del Reino, donde todo es distinto y donde la misericordia, la compasión, la filiación y la fraternidad lo cambian todo.

¿Vivimos como Mateo el don y regalo de la llamada que también a nosotros nos ha hecho el Señor?
¿Invitamos, como él, a los amigos, aunque no piensen como nosotros, a celebrar lo que, sin mérito alguno, se nos ha ofrecido y hemos aceptado?