Lun
15
Sep
2014
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9:

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Salmo

Sal 30,2-3a.3b-4.5-6.15-16.20 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí. R/.

Ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Él, a pesar de ser hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer

Como en el resto de los escritos neotestamentarios, Cristo es también el protagonista de la Carta a los Hebreos, de cuya presencia se subrayan tres dinamismos salvadores: ofreció oraciones con gritos y lágrimas, hizo el aprendizaje de la obediencia sufriendo y se tornó en causa de salvación. Tres acciones que nos ponen de manifiesto todo el arco vital y teológico de Jesús de Nazaret; pues de esta manera demuestra que pasó por nuestra tierra haciendo el bien, que ningún sufrimiento humano le es ajeno y que culminó toda la tarea salvadora encomendada con obediencia al Padre y fidelidad. Recorrió nuestra historia con todas sus consecuencias, el Padre estuvo siempre con él y el mismo Padre lo escuchó rescatándolo de la muerte y resucitándolo para nuestra salvación. Por compartir nuestra condición humana no disfrutó de ninguna exención, salvo el pecado, triunfó sobre nuestra condición mortal acercándonos a Dios con el regalo de la resurrección, y lo hizo todo con una admirable fidelidad al diseño salvador de Dios: que todos seríamos recreados por la vida nueva que nos ganó su Hijo.

  • Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

Si nuestra salvación se solventa con la inquebrantable fidelidad de Jesús de Nazaret al proyecto liberador de Dios Padre, el rol de María queda más que resaltado con la fidelidad que ella acredita a la persona y mensaje de su hijo. Al pie de la cruz, que es algo más que ubicación en un escenario de emoción salvadora; al pie de la cruz con el ornato más bello posible: su dolor solidario, la mejor escuela para que esta madre sea también la privilegiada escucha de nuestros dolores. Se me antoja que es el oportuno lugar para esta madre que guardó tantas cosas bellas en su corazón. Y bueno será reclamar esta escena, esta imagen, para corregir la desmesura de disfrazar las lágrimas de una madre en transparencias de piedras preciosas, o de sublimar un rostro surcado por el inenarrable dolor de perder a un hijo con rostrillos, preseas y coronas que nada dicen del misterio de solidaridad y anonadamiento compartido por madre e hijo. Y a partir de aquí, la madre y la comunidad, María y el discípulo predilecto, sin falsear la vivencia humana a redimir, sin disimular nuestros condicionantes como criaturas, pero con la autoridad moral de saber estar cerca, muy cerca de los focos de inhumanidad, que si bien se curaron en la cruz de Jesús, queda a la comunidad de seguidores del Maestro hacer llegar al paisaje dolorido de nuestro mundo el bálsamo de la gracia y la misericordia. Jesús el Señor y su Madre María avalan el compromiso samaritano del Pueblo de Dios aquí y ahora.