Jue
14
May
2026

Evangelio del día

Sexta Semana de Pascua

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26

En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos (había reunidas unas ciento veinte personas) y dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, el que hizo de guía de los que arrestaron a Jesús, pues era de nuestro grupo y le cupo en suerte compartir este ministerio.

Y es que en el libro de los Salmos está escrito: «Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella», y también: «Que su cargo lo ocupe otro».

Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección».

Propusieron dos: José, llamado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezando, dijeron:
«Señor, tú que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado, del que ha prevaricado Judas para marcharse a su propio puesto».

Les repartieron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.

Salmo de hoy

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 R/. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?. R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento:
que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Testigo de la Resurrección”

Hoy, fiesta de San Matías, la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos narra su elección para formar parte del grupo de los Doce. Después de la traición y muerte de Judas el colegio Apostólico estaba incompleto y era necesario que alguien ocupase su lugar.

Las condiciones para ser apóstol son claras: haber convivido con Jesús y ser testigo de su Resurrección. Una vez más se pone de manifiesto que la vocación es un don de Dios inmerecido, pues no se tiene en cuenta las capacidades del candidato, más bien sabemos que Dios capacita a quién llama, sino su experiencia de Dios para poder acoger esa  vocación a la que Dios llama y ser testigo de Él en el mundo.

Testigo es el que ha visto algo, tiene por tanto una experiencia directa y una convicción profunda, de ahí que tenga razones para dar fe de los hechos. La Resurrección de Jesús es la piedra angular de nuestra fe, donde se fundamenta nuestra vivencia cristiana. Los testigos de la Resurrección no tienen miedo ante las dificultades y no se arredran en las persecuciones, porque saben que la misma fuerza que Resucitó a Jesús de entre los muertos puede obrar maravillas en su vida.

El modo en que fue elegido Matías, “echar a suerte”, es un método muy arcaico para conocer la voluntad de Dios, pero nos muestra que los Apóstoles confiaban en que Dios está detrás de todo acontecimiento y que, en su providencia amorosa, todo lo tiene previsto. Por eso ellos oran pidiendo que les muestre a quién ha elegido. Saben, por propia experiencia, que es Dios quien elige.

Vivamos nosotros con esa confianza en Dios, en su designio de amor para nosotros y en su fuerza para hace de nosotros criaturas nuevas.

“Así os he amado yo. Permaneced en mi amor”

El texto evangélico que hoy se proclama en la fiesta de San Matías nos sitúa en la última cena, por tanto las palabras de Jesús en esos momentos son como un resumen de las cosas más importantes que ha enseñado a sus discípulos. 

Jesús abre su corazón a los discípulos: “como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”. El amor en el que Jesús quiere que permanezcamos no es un sentimiento que sube y baja según nos vayan las cosas, sino un amor cimentado en la experiencia profunda de sentirnos amados por Él. Sólo quien ha experimentado este amor puede permanecer en el.

Permanecer en el amor de Jesús, amar como Él nos amó, no es sinónimo de “estar a gustico”, tiene unas exigencias concretas que continuamente nos desinstalan: cumplir sus mandamientos, como Él cumple los mandamientos de su Padre. Y justo ahí está la clave de nuestra felicidad, de una alegría que nada puede apagar y nadie nos puede robar.

Este permanecer en el amor de Jesús nos lanza de lleno al amor a los hermanos. El amor de Jesús tiene dos direcciones amor a Dios y amor al prójimo. Si nuestro amor es auténtico iremos caminando paulatinamente en ambas direcciones.

Pidamos la intercesión del apóstol San Matías para poder vivir arraigados en el amor y ser testigos de la Resurrección de Jesús.