Dom
8
Nov
2015

Homilía XXXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2014 - 2015 - (Ciclo B)

Esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie

Pautas para la homilía

1. Las polémicas con los escribas y fariseos siempre suelen estar orientadas en la enseñanza de Jesús hacia el desenmascarar una falsa relación con Dios. Hoy a cuenta de la actitud en el templo -podemos imaginarnos la escena, Jesús sentado en las gradas del Templo de Jerusalén, observando y enseñando, rodeado de sus discípulos- lanza una severa diatriba contra la actitud religiosa de los Escribas de Israel, que utilizaban a Dios, el culto, la oración, como una excusa terrible para su propio beneficio, para comer, enriquecerse, ser honrados por encima de los demás y alimentar un falso ego, una falsa imagen, con sus mantos y sus ropajes lujosos, de quien se coloca a sí mismo por encima de la verdad y de Dios mismo.

2. El contraejemplo que muestra es claro. Una pobre viuda -con lo que significaba social y económicamente ser viuda y pobre en el Israel de los tiempos evangélicos, sin ayudas, sin protección, sin recursos, casi con un pie en la indigencia y otro en la mendicidad- que no puede ofrendar al templo más que una pobre moneda, dos reales, un as, un euro casi que diríamos hoy, que no tiene en sí apenas valor monetario, pero que a los ojos atentos de Jesús, supone más, mucho más, que todas las grandes ofrendas de los ricos y poderosos, hechas en gran cantidad y riqueza.

3. Y es que Jesús nos deja meridianamente claro en su enseñanza de hoy, que no es dar mucho o poco, no es el ofrendar más o menos lo que mide la relación con Dios, No es lo mucho o lo poco que se dé, lo mucho o lo poco que se haga, lo mucho o lo poco que se entregue uno: Jesús alaba a la viuda no por la cantidad de la entrega, sino por su calidad… La relación con Dios verdadera es la de quien lo hace todo desde el sentido de la entrega sin guardarse nada para uno mismo, sin dobleces ni egoísmos escondidos, sin vanidades ni falsas autoimágenes, sin miedos ni escondites ocultos. Es dar todo lo que uno es, todo lo que uno tiene, mucho o poco, pero lo que uno es, lo que muestra la verdadera generosidad, la verdadera relación con Dios… y en la verdad, no en la pose, la imagen y la fama: la generosidad sólo será real, cuando se hace sin que se note.

4. La lectura del Primer Libro de los Reyes, nos da el mismo ejemplo con el profeta Elías y la viuda de Sarepta. Esta, da todo lo que tiene, su generosidad no se mide por la cantidad -un puñado de harina y los restos del aceite de la alcuza- sino por el mismo gesto de la entrega de quien no se guarda nada para sí, de quien en la verdad de la humildad y la sencillez, se entrega por entero, para ayudar a otro…

5. Dos apuntes más para preparar esta homilía. Una la enseñanza de hacerlo todo con el cuidado de no buscar el reconocimiento, que otros lo vean y nos alaben, hacer lo que sea que consideremos que Dios nos pide, no porque toca, no porque otros lo vean, no porque así me tendrán en consideración, no por dar una imagen, sino porque en la verdad del corazón nace el compromiso. Y dos… la capacidad de observación de lo pequeño. En cristiano, es en lo pequeño, en los detalles, en lo que suele pasar desapercibido y nadie ve, donde se juegan las claves más importantes de la entrega, no suele ser con grandes palabras o grandes gestos como se llega a los corazones de los otros, es en lo que casi ni se ve, donde se abre el corazón… y Jesús tiene la capacidad de fijarse en eso, invitándonos, enseñándonos, compartiéndonos, una fundamental enseñanza del evangelio, la de que lo concreto y lo pequeño, es lo realmente importante en nuestra vida.