Dom
5
Dic
2010

Homilía Segundo Domingo de Adviento

Año litúrgico 2010 - 2011 - (Ciclo A)

Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos

Introducción

Nos acompaña un soñador y un profeta. El primero nos anima; el profeta nos convence. Y lo hacen como  experimentados mistagogos que conocen el misterio y, aunque, por definición, no lo comprendan, entienden que es la mejor noticia que pueden entregar. Nosotros sí comprendemos a quién se refieren, y admiramos la belleza inigualable del poema de Isaías y el testimonio inequívoco de Juan.

Del tronco seco, destrozado por el tiempo, crece un renuevo, que Isaías compara con una flor. Flor que se convertirá en estandarte de todos los pueblos. Flor y estandarte de los que surgirá el Rey Mesías que traerá la bendición para toda la humanidad.

La bendición de Dios descansará sobre ese Rey; más todavía, él mismo se convertirá en la mejor bendición para todos: Rey justo, prudente,  particularmente cercano con los pobres, oprimidos y los condenados, por mil motivos, a llevar una vida inhumana.

De tal forma queda idealizada la visión del profeta-poeta, que pinta un nuevo paraíso, con abundancia de todos los bienes y ausencia de cualquier mal. Las imágenes no pueden ser más elocuentes: el lobo convivirá con el cordero; el león con el novillo; la vaca con el oso; el niño con el áspid.

San Pablo, en su carta a los Romanos, habla de la paciencia como clave para llegar a conseguir cuanto se espera, poniéndonos el ejemplo de Jesús que tomó la condición de esclavo para conseguir las promesas.

Y el Evangelio nos mostrará la personalidad de Juan, manifestada en su predicación. Y, junto a ella, el anuncio de la conversión y del bautismo de Jesús. Todo un imaginario de lo que debiera ser nuestra preparación para Navidad en el Adviento.