Sun
4
Jun
2017

Homilía Domingo de Pentecostés

Año litúrgico 2016 - 2017 - (Ciclo A)

Como el Padre me envió, así os envío yo...

Introducción

Los discípulos de Jesús en Pentecostés, con la presencia del Resucitado en medio de ellos, expresan con sus sentimientos de paz y alegría, que han recuperado la vida del maestro muerto, su Espíritu. Sin ningún reproche, han sido liberados de culpabilidades, desilusiones, abandonos y miedos. Experimentan la fidelidad de Dios a sus promesas de no dejarlos solos, de encarnarse y continuar viviendo entre ellos por su Espíritu y la fidelidad a su plan amoroso, que pretende humanizar el mundo, hacerle más fraterno y compartido con su Espíritu, donde son enviados a continuar su vida y misión: Como el Padre me ha enviado, así os envío yo.

          Si ya en la creación (relato del Génesis) Dios le había regalado al hombre el aliento vital, que dio vida al barro y así pudo crecer, sentir, proyectar, amar, gobernar y dominar la creación, en Pentecostés el Espíritu hace al hombre participar más de la vida divina, dándole la paz y el poder de “atar y desatar”, de perdonar o retener el bien que puede hacer, de amar y tocar las llagas de nuestra historia o de ahondar en ellas y que el pecado quede retenido.