Dom
25
Jul
2010

Homilía XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Año litúrgico 2009 - 2010 - (Ciclo C)

Seguidme y os haré pescadores de hombres

Introducción

Este domingo os ofrecemos las pautas homiléticas para la Solemnidad del Apóstol Santiago y las pautas del XVII Domingo del T.O. para aquellos lugares donde Santiago no se celebra como solemnidad.

Solemnidad de Santiago Apóstol

En el 2º Año Santo Compostelano del tercer milenio, el Sr. Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, en su Carta Pastoral anunciando el evento, nos introduce en su fiesta con estas palabras: “Han sido millones de cristianos, peregrinos anónimos, que en la soledad de la peregrinación y de sus incontables penalidades, fueron los protagonistas del Camino que ha vertebrado la realidad de Europa. Como ayer y también hoy, ‘Santiago es la tienda del encuentro, la meta de la peregrinación, el signo elocuente de la Iglesia peregrina y misionera, penitente y caminante, orante y evangelizadora, anunciando la cruz del Señor hasta que vuelva. Compostela, hogar espacioso y de puertas abiertas, quiere convertirse en foco luminoso de vida cristiana, en reserva de energía apostólica para nuevas vías de evangelización, a impulsos de una fe siempre joven’ (Juan Pablo II). La memoria del pasado, el compromiso del presente y la esperanza del futuro son las fibras con que tenemos que ir tejiendo la túnica de nuestra existencia cristiana. El peregrino, en cuanto que rehúsa a ‘centrarse en sí mismo’, pretende entablar una comunión vertical y horizontal, encontrar su centro en la comunión con Dios y –ligado a ello- con los hermanos” (n .80, pp. 112-113).

XVII Domingo T.O.

Orar es contactar con Dios en amistad, en filiación. Contactar para dar culto, para dar gracias, para agradecer, para pedir. Oración no es un concepto unívoco, sino análogo. Caben muchas modalidades, muchas intenciones. Pero, sólo cabe un marco de referencia: oro porque me siento hijo de Dios, con toda la carga que la filiación entraña; oro, porque Dios es mi Padre, con toda la profundidad que la paternidad encierra; oro, porque me fío de Dios, confío en Dios, con todo el calado personal que la confianza implica.

Jesús oraba con frecuencia. Y los discípulos le dijeron que también ellos querían orar, que les enseñara. Juan también había enseñado a orar a sus discípulos. Y, por ellos, Jesús dictó una de las páginas más consoladoras del Evangelio.