Lun
20
Mar
2017

Homilía San José

Año litúrgico 2016 - 2017 - (Ciclo A)

Éste es el administrador fiel y solícito

Pautas para la homilía

S. José no se apoyó en la ley, sino en la fe en la promesa. Por eso, su vida fue transformada por la gracia de Dios y, en consecuencia, fue capaz de conocer y cumplir la voluntad de Dios. La figura excelsa de San José nos manifiesta el poder de la gracia en su vida, de tal modo que nos impulsa a confiar también nosotros en la potencia de la gracia que puede transformar nuestra vida de pecado en una vida nueva virtuosa.

S. José, de la estirpe de David, aceptó, protegió, edificó y consolidó la sagrada Familia. “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo”. Aceptó la misión de hacer de padre legal de Jesús, protegiendo socialmente la buena fama de la Virgen María y defendió a Jesús de la violenta persecución de Herodes. Por eso, Dios enalteció la persona de San José haciendo de él un eficiente intercesor en nuestras necesidades, corporales y espirituales.

“Ella dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”. S. José, plenamente sometido a la voluntad de Dios, cumple la misión de padre, imponiendo al Hijo de María, su esposa, el nombre de Jesús, es decir, presentando a Jesús ante el pueblo como el Salvador de Israel y del mundo entero.

“Angustiados, buscaron a Jesús y lo encontraron en el templo, en medio de los doctores”. San José conoció las fatigas de un padre de familia para conseguir el sustento diario y las preocupaciones que conlleva el oficio de padre para asegurar el bienestar de la esposa y el crecimiento y desarrollo de la prole. San José se santificó en el trabajo y sobre todo en la vida familiar que procedía siempre en la presencia de Dios, en donde era posible rezar.

“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. S. José realizó la ofrenda personal de toda su vida a Dios, aceptando la misión a él confiada por la providencia divina. Cuidar la infancia y adolescencia de Jesús y la existencia diaria de su madre hasta el momento del inicio de la vida pública de éste, pues al parecer para entonces S. José había ya fallecido, ayudado por la presencia de su esposa y de Jesús; por eso S. José es también Abogado de la buena muerte.

La vida de S. José, hombre justo, sigue siendo un misterio, encerrado en el ambiente de la Sagrada Familia de Nazaret. La presencia de Dios en medio de la vida de S. José y de la Virgen María nos abre una ventana a misteriosas conversaciones y a misteriosas presencias y a misteriosas palabras, que contienen los primeros pasos de la historia de nuestra salvación. Poder penetrar algo en este misterio a través de la oración contemplativa, gracias al ejercicio de las virtudes y a la acción de los dones del Espíritu Santo, será un gozo para quien pueda experimentarlo y gozarlo.