Jue
23
Mar
2017

Evangelio del día

III Semana de Cuaresma

Ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 7,23-28:

Esto dice el Señor:

«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.

Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.

Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.

Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:

“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Salmo de hoy

Salmo 94,1-2.6-7.8-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,14-23

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Reflexión del Evangelio de hoy

El Pueblo cierra los oídos a la Palabra del Señor

Dios, a través del profeta Jeremías, confiesa su desánimo y le echa en cara al pueblo de Israel su infidelidad y su abandono, pues a pesar de haberlos liberado de la esclavitud de Egipto y haber sellado una Alianza en la que se mantendrían fieles al Señor. Ellos han incumplido lo pactado, se han desviado del camino, rehusando su amistad y dándole la espalda, porque no han querido escuchar a los profetas, que les indicaban de nuevo el camino, cuando se desviaban de él.

Este fue el gran pecado del pueblo de Israel: cerrar sus oídos a la Palabra del Señor, ya que a pesar de que Dios ha sido misericordioso con ellos, perdonándole todas sus infidelidades, ellos han persistido en su maldad y culto vacío e idolátrico, incumpliendo una y otra vez su promesa. Y esta es también nuestra historia, nuestro pecado: aunque Dios sigue mostrándonos su amor infinito y nos invita a vivir en comunión con Él, nosotros seguimos siéndole infieles, dándole la espalda y cerrando nuestro corazón a su amor, a su Palabra y a la Vida Eterna que nos ofrece. Sin embargo, el Señor se deja encontrar y nosotros nos limitamos a dejar pasar esa oportunidad. Escuchemos, pues, hoy la voz del Señor, démosle gracias, sin endurecer nuestro corazón, porque “Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía”.

El que no está conmigo, está contra mí

Hay quienes no aceptan el origen del poder de Jesús, ni se explican los prodigios que realiza; por eso tratan de tenderle -aún hoy- trampas y piden una señal del cielo para que les demuestre quién es y de parte de quién viene. Se sienten amenazados en su autoridad y lo calumnian para no perder su liderazgo.

Jesús compara al demonio con un hombre fuerte; pero Él es más fuerte que el demonio, porque ha liberado al mudo de su poder y lo ha hecho con el dedo de Dios. Señal evidente de que es el Mesías y que con Él, ha llegado el Reino de Dios, dejando al demonio sin poder sobre el mundo y la humanidad, aunque la victoria no será total y definitiva hasta el final de los tiempos.

Jesús concluye diciendo que “el que no está conmigo, está contra mí” expresando que si no estamos con Él, es que estamos contra Él y su Reino. De ahí deducimos que la única opción que tenemos es la de acogerlo a Él y a su Palabra, como único camino para alcanzar la Vida Eterna, porque es el único que ha vencido al pecado y a la muerte y el único que tiene poder para ayudarnos a vencer las tentaciones y librarnos del peligro de caer en ellas.

Cuanto más nos comuniquemos con Jesús, nos nutramos de su Palabra y de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía, más fortalecidos saldremos de las tentaciones y vicisitudes de la vida.

Acojámonos a Cristo y a su amor y aprovechemos este tiempo de Cuaresma que nos ofrece la Iglesia para preparar nuestro espíritu, intensificando más nuestra vida de oración, pues en la medida que crece nuestra relación con Dios, más crecerá nuestra fe y nuestro amor a Él y a los hermanos, y más rechazaremos las tentaciones de pecar.

¿Es para mí, Jesús y su Palabra, el único camino para alcanzar la Vida Eterna?
¿Acudo a la oración para salir airoso en las tentaciones?