Dom
17
Ago
2014

Homilía XX Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2013 - 2014 - (Ciclo A)

“ También los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos ”

Pautas para la homilía de hoy

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Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Atiéndela, que viene detrás gritando”

Al parecer el otro se nos presenta casi siempre detrás y muchas veces gritando, aunque sea con un escandaloso silencio. En este último caso, nos puede resultar difícil interpretar las necesidades de nuestro prójimo, pero ello no significa que no estén presentes. Y así el otro se me convierte en obviedad, en costumbre, en alguien a quien respeto tanto que procuro no inmiscuirme en el más mínimo de sus asuntos. Al final, es un respeto que raya en la indiferencia, en la falta de empatía, en no tener compasión. Esto puede darse con cierta frecuencia en relación a nuestros prójimos cercanos.

Es cierto que en los tiempos que corren es sumamente positivo que seamos capaces de abrirnos a los que se encuentran lejos, que podamos sentir el sufrimiento del otro aunque se encuentre a grandes distancias de nuestro territorio geográfico, psicológico, político, religioso e incluso afectivo. Pero es igualmente importante no perder de vista los gritos a los cuales estamos acostumbrados o que aún no hemos podido reconocer porque nos cuesta transformar nuestros sentidos. Esos gritos cotidianos que nos urgen ser atendidos: gente que reclama enojada, cercanía; autonomía, en compañía que le deje ser el mismo; y así tantos otros modos que expresan la necesidad del que está próximo a mí, de liberación personal, de afecto, de búsqueda de sentido, de sanación.

El pasaje evangélico de este domingo pone en escena a una mujer cananea, a un “prójimo lejano” que lanzaba gritos a Jesús, que clamaba hasta el punto de reconocerle Mesías, cosa bastante inusual viniendo de una pagana. Jesús no se inmuta, tan sólo la petición por parte de los discípulos abre la puerta a un diálogo que deja ver, aparentemente, la actitud de Jesús. De cualquier modo la escena final concluye con la curación de la hija de aquella mujer.

De manera que el evangelio nos muestra, a pesar de su crudeza, que asumir la compasión como clave relacional con el otro supone, primero, reconocerle con su voz propia y, la más de las veces, acoger el sentido profundo del reclamo silencioso o a gritos que nos hace. En el caso de la mujer cananea, por ejemplo, el reclamo no es solo la liberación de su hija, sino que bien puede ser el poder acercarse a Aquél que es el Mesías y desde un diálogo entre dos libertades ser objeto de su compasión, aunque no se forme parte del pueblo escogido.

  • “Mujer, qué grande es tu fe”.

Esta declaración encierra la manifestación de una fe honda que es la que en definitiva consigue el milagro de la curación. Sin lugar a dudas este es uno de los pasajes evangélicos más sugerentes por las connotaciones que pueden suscitar en nosotros los creyentes del presente siglo. Esta mujer es cananea. No es depositaria de la promesa, y Mateo ha puesto en su boca, no obstante, el título “Hijo de David” por el que se reconoce al Mesías esperado. No conforme con esto, nos la presenta como objeto de la compasión de Dios. Ello nos sugiere que la acción de Dios no está supeditada a una religión, cualquiera que esta sea, ni a nuestros esquemas mentales ni a nuestra idiosincrasia, lo cual nos lleva indefectiblemente a aprender a aquilatar los fundamentos de nuestra propia fe.

En consecuencia, la fe puede brotar de “lugares insospechados”, no suscritos a la ortodoxia. He aquí la gran novedad de la pedagogía divina, que nos ensancha en el camino hacia nuestra plenitud personal mientras vamos junto a otros, cercanos o lejanos, nacionales o extranjeros, cristianos o no cristianos, enseñándonos mutuamente que, a fin de cuentas, la fe es patrimonio de cualquier corazón humano capaz de abrirse a la presencia de un Dios que se manifiesta siempre actual, inabarcable e incontenible en la historia humana y más allá de ella.

Fr. Ramón Alberto Núñez Holguín O.P.

Fr. Ramón Alberto Núñez Holguín O.P.
Convento de Sto. Domingo (Santo Domingo, Rep. Dominicana)

Soy fraile dominico y sacerdote nacido en Santo Domingo, República Dominicana. Ingresé en la Orden de Predicadores en el año 2007 y fui ordenado sacerdote en el año 2015. He cursado estudios de Filosofía y Teología en Santo Domingo. Realicé un Máster en Teología Moral y Pastoral y en Bioética por la Pontificia Universidad de Comillas (Madrid). Actualmente, curso la maestría en Terapia Familiar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (República Dominicana). Soy director del Centro de Teología Santo Domingo de Guzmán (República Dominicana), director del Prenoviciado en República Dominicana; profesor en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (República Dominicana) y en el Centro Intercongregacional de Formación Religiosa (CIFRE).

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