Dom
24
Ene
2021

Homilía III Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

Venid conmigo y os haré pescadores de hombre

Pautas para la homilía

Convertíos y creed en el evangelio

Comenzamos, en este domingo, la lectura del Evangelio de San Marcos que recorreremos durante este año litúrgico. Comienza situando la misión de Jesús en un lugar geográfico: Galilea; y en un momento cronológico: la muerte de Juan Bautista, el Precursor. Esa misión comienza con una afirmación rotunda: han llegado los tiempos nuevos.

Su presencia trae nuevos tiempos, lo antiguo ha pasado. Hay que dejar lo que ya no tiene ningún sentido ni religioso, ni humano. No hay que vivir atado a normas y leyes que marginan e impiden a las personas vivir en libertad. El reino de Dios se realiza desde la libertad. San Marcos quiere señalar desde el comienzo de su narración lo que después será su desarrollo, el reino de Dios, y creer en esa buena noticia.

Estos dos imperativos: «convertíos y creed en el evangelio» son una exigencia que el lector tendrá que captar para poder seguir leyendo el Evangelio, la nueva noticia de la llegada del reino de Dios. Estas dos exigencias son fundamentales para comprender y descubrir lo que el Evangelista va a ir narrando en todo su desarrollo. que el lector tiene que descubrir cuáles son las exigencias que tiene su lectura.

Llamados a ir detrás de Jesús

El Evangelista, en este momento, hace la presentación de Jesús. Una vez que ha dado testimonio, habiendo vivido la experiencia del bautismo y superadas las tentaciones, le presenta mezclándose con las personas, siendo uno más del pueblo. Pero es un personaje contemplativo y ve y mira a las personas, observa lo que está ocurriendo con la gente  y va aprendiendo dónde centrar su misión. Todo ello le lleva a un descubrimiento, si quiere hacer realidad el Reino de D No quiere comenzar su ministerio publico sólo como único predicador en Galilea. Se ha hecho hombre para cumplir una misión y no permanece solitario por mucho tiempo. Inmediatamente después, hace la llamada a que le acompañen en esa tarea y les invita a ir detrás de ÉL.  Esta invitación, en este caso, es a dos parejas de hermanos y las dos parejas con la misma tarea. Desde el principio de su ministerio, Jesús vive en comunidad con un grupo de seguidores y seguidoras. Esta comunidad durará hasta el final de su ministerio.

En San Marcos este ir detrás de Jesús tiene un significado especial. Tiene la finalidad de ir con Él para aprender, para ser alumnos. Para escucharle, ver lo que hace, cómo se comporta y descubran cómo el Dios, en el que creen, está actuando. Ir detrás es aventurarse a intentar hacer lo que Él les enseña. Detrás de Él para dejarse corregir y ver la novedad que pone Jesús en sus vidas. Así los alumnos se convierten, poco a poco en discípulos que después serán los que tengan que enseñar lo que han aprendido junto a ÉL.

El personaje principal de la llamada es Jesús. Los que van a ser sus seguidores aparecen sorprendidos en sus faenas y solo se convierten en discípulos cuando abandonan sus ocupaciones y siguen a Jesús. Se trata de narraciones reducidas al mínimo, donde no vemos ningún esfuerzo por precisar los rasgos de los personajes, ni por explicar lo que les ha pasado en términos psicológicos. Sólo narra la respuesta abandonar sus ocupaciones, para descubrir la oferta que les hace, es decir su misión. Todas las reticencias humanas quedan borradas de golpe, pues Dios ha entrado en escena, a través de la persona de Jesús.

Todo el evangelio, en especial el de Marcos, puede considerarse como un “manual para el seguimiento cristiano. Nos aclara lo que significa ser discípulo de Jesús y por eso ocupan un lugar importante en todo el evangelio. El seguir a Jesús es un camino y un camino hacia Jerusalén, un camino hacia la entrega. Un camino de entrega. Es caminar detrás de Jesús. Los doce comparten con él la vida, son testigos excepcionales de sus milagros, oyentes privilegiados de su enseñanza más profunda. Son tres años de catequesis, catequesis no doctrinales, sino experimentales, desde la experiencia.

Ser discípulo de Jesús, siempre y hoy también, significa responder a su llamada y seguirlo, es decir, vincularse a su persona. Dejarse acompañar con Él. Identificarse con su estilo de vida. Compartir su mismo distinto en fidelidad y disponibilidad a las exigencias que lleva consigo el seguimiento. Ser discípulo de Jesús supone, colaborar en su misma misión. Congregar a los que están perdidos, marginados y dispersos. Anunciarles la cercanía del Reino de Dios. Dar testimonio de lo que hemos experimentado junto a Él.

Jesús desde el principio toma la iniciativa, su movimiento hacia delante, hacia las vidas de los seres humanos. Jesús sigue tomando la iniciativa y sigue llamando a personas a seguirle a ir tras de Él. Hoy, Jesús, nos sigue llamando a personas, en nuestra sociedad y en nuestras ocupaciones diversas. Nos hace la oferta a seguirle. Oferta existe ¿Hay disponibilidad? ¿Se escucha? ¿Senos, percibe? La superficialidad de nuestra vida, el estar centrados sólo en nosotros mismos y en nuestros intereses, hace que nuestros oídos permanezcan cerrados a esa llamada y hoy no haya muchas personas que perciban y necesiten esa llamada.

Nosotros estamos llamados a hacer la propuesta de llamada que Jesús sigue haciendo en nuestro mundo de hoy. Llamada a ir detrás de Él y desde esa llamada dar un sentido creyente a nuestra vida.