Jul
Evangelio del día
“ No hizo allí muchos milagros, por su falta de fe ”
Primera lectura
Lectura de la profecía de Jeremías 26, 1-9
Al comienzo del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra de parte del Señor:
«Esto dice el Señor:
“Ponte en el atrio del templo y, cuando los ciudadanos de Judá entren en él para adorar, les repites a todos las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola.
A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y así me arrepentiré yo del mal que tengo pensado hacerles a causa de sus malas acciones. Les dirás: ‘Esto dice el Señor: Si no me obedecéis y cumplís la ley que os promulgué, si no escucháis las palabras de mis siervos los profetas, que os he enviado sin cesar (a pesar de que no hacíais caso), trataré a este templo como al de Siló, y haré de esta ciudad fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra’”».
Los profetas, los sacerdotes y todos los presentes oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor.
Cuando Jeremías acabó de transmitir cuanto el Señor le había ordenado decir a la gente, los sacerdotes, los profetas y todos los presentes lo agarraron y le dijeron:
«Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo acabará como el de Siló y que esta ciudad quedará en ruinas y deshabitada?».
Y el pueblo se arremolinó en torno a Jeremías en el templo del Señor.
Salmo de hoy
Salmo 68, 5. 8-10. 14 R/. Que me escuche tu gran bondad, Señor.
Más que los pelos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
numerosos los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver lo que no he robado? R/.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mi. R/.
Mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga.
La gente decía admirada:
«¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?».
Y se escandalizaban a causa de él.
Jesús les dijo:
«Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta».
Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
En tiempos adversos, el corazón revela quien le habita
Hoy la liturgia de la Palabra nos confronta entre quien tiene sus raíces en la experiencia de Dios y asume Su proyecto para la humanidad y la reacción de quienes creen que tienen todas las respuestas y certezas.
¿Por qué?
La primera lectura nos presenta el rechazo de la profecía de Jeremias y cómo además se le cuestiona: ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo acabará como el de Siló y que esta ciudad quedará en ruinas y deshabitada? Cuestionamientos superficiales que no escuchan ni quieren ir a la raíz. Cuando los propios argumentos no se abren a la realidad personal, social, a Dios y se levantan muros que impiden conjugar fidelidad e incertidumbre, invade una ceguera, muchas veces colectiva, que no permite la apertura a la buena noticia de Dios. Aferrarse a las “propias verdades” limita el encuentro personal con Dios y nos pone en el umbral de la injusticia y de la opresión.
Así se escribe la Historia de la Salvación, también nuestra historia. No es suficiente que Dios sea misericordioso y quiera nuestra salvación, existe un compromiso personal y una llamada a la responsabilidad personal y colectiva. Si nos quedamos a nivel de la defensa institucional sin acoger el proceso de conversión y del amor infinito de Dios, los tiempos de incertidumbre revelan que nuestras seguridades no están en Dios, que la confianza que profesamos con los labios no existe como tal. En realidad esa confianza que se pronuncia es sostenida por las propias fuerzas y los propios criterios, y por tanto, deja de ser confianza en Dios.
Vivir sostenidos por Dios implica una seguridad en Él que nos permite arriesgarlo todo por causa del “fuego que nos consume”. Vivir sostenidos por Dios significa que estamos dispuestos a arriesgar incluso la buena fama, la propia vida. Es en los momentos de gran incertidumbre cuando se revela quien habita realmente el corazón.
"Se escandalizaban de él"
¡Qué fácil es argumentar el escándalo y qué poco se profundiza y analiza las propias actitudes frente aquello que se afirma como escándalo!
Vivir desde la experiencia de Dios implica una apertura que transciende todas las ideas construidas. Vivir la experiencia de la amistad con Jesús lleva implícito la sorpresa, la inestabilidad y la experiencia de Dios. Un Dios profundamente humano, que rompe esquemas y nos invita a dejar todos los esquemas mentales bien construidos y razonados que ofrecen seguridades. Intentar explicar a Jesús desde las facetas únicamente humanas, lleva a un callejón sin salida. Humanamente Jesús no puede explicarse… Sólo el infinito amor de Dios es capaz de lo que Jesús fue capaz. Sólo las actitudes que se acercan al infinito amor de Dios se aproximan de la Verdad y de la actitud de escucha con apertura a lo nuevo, a lo que me desmonta, a lo que permite que nazca en nosotros algo totalmente diferente después de un proceso de grandes incertezas. Hablamos de experiencias vitales que se viven y donde las razones dejan de tener nuestras lógicas: «¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?».
La experiencia vital que nos guía es la luz… Si nuestras certezas y respuestas, nuestras actitudes de “lo sabemos” no permiten que la Luz se abra paso por las rendijas a fin de iluminar la propia vida y cuestionarnos, a fin de estar dispuestos a correr riesgos por caminos que solo el infinito amor de Dios puede suscitar, hoy también somos invitados a dejar resonar en nuestro corazón el versículo 23 del capítulo 6 del Evangelio de Mateo: “Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!”
Dios tiene un único fin, la conversión, el retorno a vivir según su proyecto de amor, cuyo fin no es otro que el bien para todos: “A ver si escuchan y se convierte cada cual” (Jr 26, 3).