Sáb
14
Feb
2015
La mies es abundante y los obreros pocos

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13,46-49:

En aquellos días, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: "Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra."»
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.

Salmo

Sal 116,1.2 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»

Reflexión del Evangelio de hoy

El miércoles, 17 de junio de 2009, Benedicto XVI terminaba su Audiencia General con estas palabras, sobre san Cirilo y san Metodio: “A san Metodio corresponde el mérito de haber permitido que la obra emprendida por su hermano no quedara bruscamente interrumpida. Mientras san Cirilo, el "filósofo", tendía a la contemplación, él se inclinaba más bien a la vida activa. Gracias a ello pudo poner los cimientos de la sucesiva afirmación de lo que podríamos llamar la "idea cirilo-metodiana", que acompañó en los diferentes períodos históricos a los pueblos eslavos, favoreciendo su desarrollo cultural, nacional y religioso. Lo reconoció ya el Papa Pío XI con la carta apostólica Quod sanctum Cyrillum, en la que definía a los dos hermanos: "hijos de Oriente, bizantinos de patria, griegos de origen, romanos por su misión, eslavos por los frutos apostólicos" (AAS 19 [1927] 93-96). Después, el papel histórico que desempeñaron fue proclamado oficialmente por el Papa Juan Pablo II, que, con la carta apostólica Egregiae virtutis viri, los declaró copatronos de Europa junto con san Benito (AAS 73 [1981] 258-262)”. Me detengo brevemente sobre la Palabra que nos sirve de marco para encuadrar esta Fiesta.

  •  La mies y los obreros

Ante párrafos evangélicos como este se habla con frecuencia de radicalidad. Y es cierto que con Dios no se negocia: o escuchamos y aceptamos, sin condiciones, su encomienda, o bien la rechazamos o, sencillamente, la obviamos. Deducir de aquí que Dios es un radical, es extralimitarnos. Dios es un ser honrado, coherente, auténtico. Y nuestra respuesta tendría que ser igualmente coherente y honrada, evitando, eso sí, el puritanismo.

Puritano es el que confía en sí mismo, en su valía, en sus propias fuerzas, para ser puro, religioso, auténtico. Sus relaciones con Dios son “comerciales”: “Doy para que me des”. Pero, porque doy, tienes que darme. No sabe de misericordia ni de gracia, sino sólo de justicia tal como él la entiende.

Digo esto pensando en los obreros, que son pocos, pero si además se lo creen, son menos todavía. Los obreros también son mies, también tienen que dejarse adoctrinar y querer. Y los “adoctrinados” también son obreros, también tienen que colaborar. Cada uno en su sitio, pero todos buscando lo mismo. Y trabajando todos como si el éxito de la misión dependiera de nosotros, sabedores de que todo, absolutamente todo, depende de Dios.

  •  Indicaciones para la misión

Cuando parece que hoy el mundo es un gran mercado en el que todos tenemos un precio, y en el que todos somos reducidos a consumidores, a comer y a ser comidos, a comprar y a ser comprados, Jesús envía a sus discípulos sin dinero, sin talega, sin alforja ni sandalias.

Jesús no descalifica los medios humanos, el dinero, la técnica, los avances de todo tipo. Jesús quiere que, sirviéndonos de estos medios, no perdamos nunca lo esencial: predicar el evangelio, predicar el reino y su justicia; todo lo demás puede que esté bien, pero es añadidura. No podemos absolutizar nada, porque sólo él es el absoluto.

“Cuando entréis en una casa, decid: ‘Paz a esta casa’”. El auténtico apóstol es mensajero de paz. Quien desea el enfrentamiento, porque lo que quiere es la victoria, no la paz, no acogerá nunca la Palabra de Dios. La paz, así entendida, nunca se impone por la fuerza, por los apoyos extraños, políticos, económicos, militares, etc., sino por la convicción de lo que se presenta.

Es la primera actitud que debe adoptar el seguidor de Jesús, en cualquier lugar donde se encuentre: dar paz. Cuando uno escucha estas palabras de Jesús y, al mismo tiempo, se percata de la agresividad y la violencia que reinan por doquier, siente en el fondo de su alma unas preguntas insoslayables: ¿Es para ti la paz tu verdadero estado habitual interior, fruto de un gozoso “convivir con Dios, en la fe? ¿Qué hacemos los creyentes para poner paz en nuestra casa? ¿Qué aportamos a nuestra familia, a nuestra comunidad, paz o violencia? Porque pobres de nosotros si, enviados, carecemos de paz, de la paz de Cristo. Podremos hablar de paz, pero no pacificaremos a nadie. Que hoy el Señor, por medio de san Cirilo y san Metodio, nos la conceda.