Sep
Evangelio del día
“ ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ”
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22b-27
Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo.
No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga.
Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.
Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.
Me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.
Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.
Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.
Salmo de hoy
Salmo 83, 3. 4. 5-6. 12 R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!
Mí alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R/.
Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
y tiene tus caminos en su corazón. R/.
Porque el Señor Dios es sol y escudo,
el Señor da la gracia y la gloria;
y no niega sus bienes
a los de conducta intachable. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».
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Reflexión del Evangelio de hoy
“¡Ay de mi si no anuncio la Buena Noticia!”
En este cap. 9, versículos 16 a 27, el Apóstol se remonta a describir el sentido de su misión de anunciar la Buena Noticia con una de las expresiones más fascinantes que han salido de su boca: “¡Ay de ni si no anuncio la Buena Noticia!”.
Se siente como un profeta, forzado a predicar.
Sólo fuertes contrastes de palabras como estas pueden expresar la nueva realidad existencial con que fue agraciado Pablo en su encuentro con el resucitado en el camino de Damasco, que hizo de él un hombre libre y gozosamente encadenado por Jesús. Esta fuerza que le encadena desde dentro es el amor, expresión suprema de la libertad.
La memoria de este Jesús, grabada en lo más profundo de su ser, le llevará a elegir e identificarse con los más débiles y marginados en una vida de continuo riesgo. En Antioquia se puso de parte de los pagano-cristianos, cuya causa vio amenazada. Ahora en Corinto sale en defensa de los débiles judeo-cristianos. Se siente judío con los judíos, sin ley con los sin ley, débil con los débiles. En una palabra: “Me hice todo con todos para salvar al menos algunos”. ¿Qué paga espera Pablo? No otra que participar en la misma Noticia que anuncia.
Termina con una imagen deportiva de carrera, sugerida por los "juegos ítsmicos" que se celebraban en Corinto, para ilustrar el modo de ser libre que él ha escogido: entrenamiento y disciplina y renuncia para conseguir el premio. Si en el estadio uno solo consigue la medalla deportiva, en el terreno cristiano todos y todas conseguirán el premio con tal que corran y se esfuercen con perseverancia y tesón.
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”
¿Soy capaz de decirme la verdad de lo que vivo? Lucas en este capítulo y versículos, va poniendo en la boca de Jesús frases y sentencias que a lo largo de su vida y en diversos momentos y circunstancia fue diciendo.
La sabiduría de Jesús recuerda algo elemental: el otro es nuestro espejo. Si piensas que cuando juzgas y criticas a los demás lo único que haces es disfrutar o hacerles daño, te equivocas. Te haces daño a ti mismo, porque las palabras que salen de tu boca dejan al descubierto la maldad de tu corazón.
Luces y sombras, toda persona humana experimenta en su ser. Pero ¿qué es lo que me da autoridad para enjuiciar y dar sentencias sin antes parar, reflexionar, buscar las causas por las cuales los demás son y actúan de manera diferente?
El evangelio de hoy confronta nuestra vida y nuestra manera de vivir.
Hay conocimientos que se aprenden en los libros, en las universidades, en los laboratorios, con la inteligencia artificial (importantes y necesarios), pero, para los seguidores de Jesús es insuficiente, pues la verdadera sabiduría hay que buscarla (como dice Pagola), en lo más íntimo del ser humano, en silencio, descalzos, como aprendiz que busca en el Maestro los frutos del Espíritu: “BENIGNIDAD”, virtud que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta.
La persona que tiene estas cualidades ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas y angustias. Que importante es encontrar personas que con sus palabras de aliento fortalecen, consuelan y estimulan.
Esta es la misión de los seguidores de Jesús el Resucitado.