Sep
Evangelio del día
“ ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? ”
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano.
Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.
Salmo de hoy
Salmo 117, 1-2. 16-17. 28 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».
Él contestó:
«Dímelo, Maestro».
Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
“La gracia de Dios conmigo”
San Pablo en este pasaje recuerda a los creyentes de Corinto que su fe en Jesucristo fue una aceptación libre, -porque la fe es un don que se recibe del Señor de una manera totalmente gratuita- lo importante es acogerla, esto es lo que nos toca a nosotros. La Palabra de Dios siempre se cumple, independientemente que la creamos o no. Y continúa diciéndoles, que si la fe es realmente su fundamento les va salvando. Por el contrario, si su base primordial no es la fe en Cristo, vana es su creencia. Por eso, necesitamos dejar al Señor que persevere en nosotros, para que su Vida, Muerte y Resurrección se hagan vida en nuestras vidas.
Pablo utiliza su propia historia y el testimonio de los demás apóstoles para demostrar que la resurrección no es un mito, sino un hecho que aconteció realmente y que transforma. Toda la gracia que él experimentó se fundamenta en este Cristo vivo.
En el último fragmento de este pasaje bíblico, da la sensación, que San Pablo ante la obra de evangelización que se estaba llevando a cabo “peca” de poco modesto, al decir: “que él ha hecho más, que todos los apóstoles juntos”; todo lo contrario, lo que quiere resaltar, es la gracia del Señor actuando en él, que aun siendo el menor de los apóstoles y habiendo perseguido a la Iglesia, la obra del Señor, se ha ido llevando a cabo, no gracias a sus méritos, si no a la gracia del Señor que le ha acompañado siempre.
Si creemos en ello, como San Pablo, la gracia de Dios no se frustrará en nosotros, dará sus frutos e irá trabajando por dentro, porque como dijo el Santo Padre, León XIV en su reciente viaje apostólico a España: “Dios nos ama tal como somos, pero nos sueña mejores”. Jesús, sigue llamando hoy, a tantos “despistados/as” en la vida, cambiando nuestro corazón, para que le sigamos con fidelidad y amor. Esta fe en Jesús nos une más a Él, por lo tanto, nos salva o nos pone en camino de salvación.
“Son perdonados los pecados, porque ha amado mucho”
En este texto evangélico de San Lucas, como en muchos otros pasajes, el Señor nos resalta e insiste en la importancia de no juzgar al prójimo ni tampoco los acontecimientos o circunstancias que no llegamos a comprender, ya que este juicio, sólo le corresponde a Dios, porque nosotros todos, estamos al mismo nivel y somos de la misma condición pecadora.
No obstante, nuestra naturaleza humana, su primer instinto es juzgar al otro, es: ver la paja del prójimo sin ser conscientes de que nosotros tenemos una viga enorme. Por eso el Señor, con mucha sabiduría, confronta las acciones del fariseo, llenas de una actitud fría y orgullosa, junto a las de la mujer pecadora, repletas de amor.
El problema de Simón, el fariseo, es que se creía perfecto, sin pecados graves, entonces, tenía tal autosuficiencia que no sentía necesidad de la gracia, el perdón y la misericordia del Señor las rechazaba, por eso, sentía tan poco amor, porque estaba lleno de sí mismo. Sin embargo, la mujer reconocía su condición y desbordaba de amor y gratitud.
A Jesús le importa la persona, Él no tiene en cuenta nuestros pecados, ve el fondo del corazón y cuando percibe un corazón humillado y arrepentido, como lo vio en esta mujer, se deja tocar, besar los pies con nuestras miserias, para darle la paz, el amor y el perdón que buscaba. La mujer sabía muy bien que la misericordia de Jesús es más grande que todos sus pecados y que en Él encontraría su paz y descanso y su única esperanza.
¿Confías, confiamos en el perdón y la misericordia del Señor, como lo hizo esta mujer? ¿Crees que esta búsqueda te va a llenar de paz y esperanza tu corazón?