Sep
Homilía XXIV Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ ¿No debías tú también tener compasión? ”
Introducción al Evangelio del día
Hay olvidos que no tienen que ver con la memoria, sino con el corazón. Olvidamos un nombre, una fecha, un rostro; pero también podemos olvidar algo mucho más decisivo: que estuvimos de rodillas, y que unas manos nos levantaron sin pedirnos nada a cambio. Ese es el olvido que retrata el Evangelio de este domingo, y es también el olvido en el que, con demasiada facilidad, podemos caer todos.
Pedro pregunta a Jesús cuántas veces hay que perdonar, buscando un límite razonable, una cifra que permita decir «hasta aquí». Jesús no responde con un número, sino con una historia: la de un hombre que debía diez mil talentos, una fortuna imposible de devolver, y a quien el rey, sin negociar ni exigir garantías, se compadeció y dejó libre. El drama no empieza ahí. Empieza unos versículos después, cuando ese mismo hombre, con las rodillas todavía calientes del suelo donde había suplicado, agarra por el cuello a un compañero que le debe una suma insignificante.
Las tres lecturas de este domingo repiten, desde ángulos distintos, una misma invitación: no olvides. No olvides la alianza, dice el Sirácida. No olvides a quién perteneces, dice Pablo. Y el Evangelio añade: no olvides el corazón del Rey. Porque el perdón no nace primero de nuestro esfuerzo, sino de la contemplación de una misericordia que nos precede. Solo quien permanece en la memoria de ese amor aprende, poco a poco, a mirar al hermano con los mismos ojos con los que Dios lo ha mirado primero.