Mar
8
Ago
2023

Homilía Santo Domingo de Guzmán

Año litúrgico 2022 - 2023 - (Ciclo A)

Que alumbre a todos

Pautas para la homilía de hoy


Evangelio de hoy en audio

Reflexión del Evangelio de hoy

Si la Paz es siempre una buena noticia que la humanidad espera y desea, en este tiempo, parece serlo aún más… Estamos viendo cada día cómo un pequeño conjunto de naciones –las más poderosas del planeta– va incursionando en un enfrentamiento bélico de peligrosas consecuencias para el futuro…, mientras el resto del mundo observa cómo se van desmoronando las pocas posibilidades de recuperación económica y social que la postpandemia les había dejado. De este modo, que alguien traiga mensajes de Paz, pregone la justicia y anuncie el consuelo del Reino de Dios, como profetizaba Isaías, se vuelve especialmente necesario.  

La Iglesia, por otra parte, ha decidido encaminarse en un modo de vivir y trabajar, nuevo y a la vez antiguo: la sinodalidad y así, como a contracorriente del mundo, cuando muchos buscan cada vez más levantar altos muros y fronteras, la comunidad cristiana se propone seguir intentando «caminar juntos».

En este contexto, la celebración del Dies natalis de nuestro Padre santo Domingo, a la vez que nos invita a la súplica confiada por su intercesión, nos desafía a la contemplación atenta de su vida y su predicación, buscando fortaleza en aquella y sabiduría en esta, para ser hoy nosotros esos mensajeros de paz, de justicia y de consuelo que nuestros hermanos y hermanas necesitan.

Escucha, ruinas de Jerusalén, tus vigías cantan a coro: el Señor ha consolado a su pueblo

Cuando el canónigo Domingo de Guzmán salió de Osma con su Obispo y se internó en la realidad del Languedoc, abrió sus ojos y su corazón a una realidad en ruinas…la de una Iglesia que, ante el fracaso de las formas que tenía de evangelizar, se abría al cuestionamiento, pidiendo consejo al obispo Diego sobre cómo proceder… Allí nació en Domingo el llamado a vivir una Predicación que renovara la Iglesia, llevando la fe y la paz a los pueblos.

Hoy, las ruinas de Jerusalén desfilan ante nuestros ojos …o ante nuestras pantallas. Pueden ser las ruinas de alguna ciudad ucraniana vilmente bombardeada…, o las ruinas humanas de millones de pobres y desplazados a causa de los conflictos bélicos, la violencia política, el cambio climático o la inseguridad alimentaria…

Desde América Latina y el Caribe, la fuerza sinodal de las Mujeres del Alba nos anima a la osadía de la esperanza. Ellas fueron al sepulcro como miróforas y regresaron como «apóstolas». Y, animándose a romper la oscuridad de la noche con su compasión hecha de perfumes, pudieron encontrar al Viviente, donde solo pensaban encontrar soledad y muerte…

¿Somos hoy nosotros esos «vigías que cantan a coro» el consuelo de Dios para su Pueblo? ¿Cómo seguir recreando de forma siempre nueva la compasión de Domingo ante tantas ruinas que rompen nuestros ojos?

Sois carta de Cristo escrita por el Espíritu de Dios vivo

El Apóstol, en su epístola, contrapone las tablas de piedra a los corazones de carne … Sin embargo, la Biblia también da cuenta de una triste mezcla de ambos: los corazones de piedra… En estos, el Espíritu no puede escribir el Evangelio ni obrar nada nuevo…

Por eso necesitamos rehacer nuestro corazón de carne, que se anime a amar y a arriesgar, a ser herido y a perdonar, a latir a prisa con la acción y también a reposar en la contemplación… Es que el Espíritu, acostumbrado a aletear donde hay vida, solamente en un corazón vivo puede dibujar la Palabra de Dios y hacer de esa vida una carta de Cristo para los demás.

Si Domingo llevaba la Palabra de Dios por los caminos era porque antes había dejado que esa misma Palabra hiciera un camino en su corazón. Cuando Domingo estudiaba en Palencia y pasaba las noches casi sin dormir –cuenta Jordán de Sajonia–, la Palabra de Dios entraba por el oído a su mente, era guardada en su memoria, era regada con afecto y, así, germinaba en obras de salvación. Gracias a ese camino de la Palabra, las «costumbres y obras [de Domingo] traslucían con toda claridad hacia fuera cuanto guardaba en el santuario del corazón» (Orígenes de la Orden de Predicadores, 7).

¿Cómo transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne para que el Espíritu pueda escribir y reflejar el Evangelio? ¿Cómo seguir ayudando a que la Palabra haga un camino en nosotros para que seamos realmente una carta de Cristo al mundo como lo fue Domingo?

Que alumbre a todos los de la Casa

Ya nuestro hermano Tomás advertía que iluminar es mejor que brillar. Esto, no solo por una cuestión de cantidad de luz, sino porque el brillo atrae la mirada hacia el objeto que reluce, y en cambio, la luz, al iluminar, ayuda a ver lo que hay alrededor… La luz intensa que irradiaba Domingo invitaba a dirigir la vista hacia Dios, ocultándole a él detrás del resplandor… Olvidado de sí mismo, su Predicación no pretendía otra cosa que hacer llegar la alegría del Evangelio a todos los confines de la tierra.  

¿Qué rincones de nuestra Casa común, de nuestro planeta, de nuestra humanidad, están quedando más a oscuras, más en ruinas, más clamando por paz y consuelo? ¿No es sobre todo allí donde la luz de la Predicación dominicana debería llegar con su sal y su luz?

En fin, contemplando hoy a Domingo, una vez más, aprendemos de él y le volvemos a pedir que nos ayude a continuar su predicación verbo et exemplo: «Cumple Padre, lo que prometiste, socorriéndonos con tus plegarias».