Dom
8
Dic
2019

Homilía La Inmaculada Concepción

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

Pautas para la homilía de hoy

Reflexión del Evangelio de hoy

Palabra de Dios

Al comienzo del Adviento, la liturgia del día presenta dos mujeres, una creada a imagen y semejanza de Dios, otra concebida sin pecado para ser la madre de Dios. Las dos tienen que responder en libertad a la Palabra de Dios, Eva y María han de responder libremente al amor de Dios que experimentan tras escucharle en su corazón. Mientras Eva desoye y se deja engañar por el maligno, María escucha en fidelidad y obediencia, declarándose la esclava del Señor en aquel discurso mantenido con el ángel que le anuncia su futura maternidad. ¿Cómo será esto…?

El relato del Génesis nos traslada a los primitivos tiempos de la creación, en los que ya se anuncia el amor de Dios, que será motor para el envío del Mesías salvador de la humanidad. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, usando la libertad fue introduciendo desórdenes y errores, desde el origen, con muchas desviaciones de generación en generación. En la plenitud de los tiempos, a través de los siglos de distintas maneras y modos Dios revela su amor, y el hombre lo reconoce paulatinamente grabado en su corazón en la Ley de Moisés, a través de los profetas, jueces o sacerdotes intérpretes de la revelación, hasta que llega el Mesías

Ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor

La terquedad del pueblo judío, elegido por Dios para ser su Señor- se mantendrá con esperanza, por una parte, la venida de un Mesías libertador, y por otra se mantiene sin reconocer su presencia cuando llega (por su independencia de la religiosidad oficial), con el nacimiento de Jesús el hijo del carpintero de Nazaret, esposo de María la Virgen Inmaculada.

María, la mujer llena de gracia nos habla de la sin-pecado, sin des-ordenes afectivos ni efectivos en su libertad cotidiana, algo que será totalmente compatible con limitaciones y dolores tanto orgánicos como psicológicos inherentes a su condición humana.

Llena de gracia

Las limitaciones de la mente humana nos obligan a hablar de un “organismo sobrenatural” haciendo referencia al orden inmaterial del ser propio. De alguna manera estamos usando palabras impropias que pueden llevarnos a la confusión; plenitud de gracia, llena de gracia, inmaculada las usamos en la vida coloquialmente, sin que podamos referirnos a cantidades exactas; es la consecuencia de negar aquello que se escapa a pesas y medidas, que a muchos científicos induce a negar realidades de tipo inmaterial: espirituales. La consecuencia de todo esto es que podemos equivocarnos al intentar valorar las obras buenas en razón de los méritos pesados y medidos un día tras otro del año.

San Pablo VI, en la exhortación apostólica Marialis cultus, dice: “Queremos, además, observar cómo en la liturgia de Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo el admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular el culto a la virgen de su necesario punto de referencia: Cristo”. El correr de los años confirma la validez y veracidad de sus afirmaciones magistrales.

El bautismo cristiano

El bautismo cristiano nos ofrece el nuevo nacimiento que Jesús indicó a Nicodemo como necesario, para entrar en el Reino de Dios. El devoto fariseo no lo entendió y tampoco los demás discípulos hasta que, convertidos y con nueva mentalidad, serían auténticos discípulos, y enviados a llevar la Buena Nueva de la redención por todas partes. Salvación anunciada, esperada y realizada con la vida, muerte y resurrección de Jesús (humano), y venida del Espíritu Santo al mundo entero, ya que Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve.

Este recorrido vinculado a nuestro bautismo, vida nueva de hijos de Dios, para perdonar y ser perdonados es lo que el ángel anunció a María: sucedería con el fiat de su consen-timiento: Redimida, salvada, liberada del pecado por los méritos del Hijo que nacería de sus entrañas, Hijo, Dios y hombre verdadero.

La fiesta de la Inmaculada se centra anunciando el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. María se convierte así en la puerta por la cual Dios mismo entra en el mundo con figura humana, hecho hombre. Es puerta y, también, la primera discípula de Jesús en su etapa terrena, como mediadora y corredentora permanente. Su fidelidad de discípula en el Reino de Dios supera sus acciones biológicas de madre, igualmente necesarios en los misteriosos planes salvíficos y eternos..

En nuestros días, María sigue presente en la Iglesia sinodal, asamblea de los hijos de Dios, que aúnan sus esfuerzos de naturaleza y gracia para descubrir fielmente la voluntad amorosa del Padre rezando el Padrenuestro. Serán los discípulos que agradecen el amor misericordioso ofrecido a cada uno de ellos que recorren el camino terrenal, se encuentran en dolores y gozos y esperan aprender de ella a servir a Dios, presente en el prójimo, con actitudes de humilde amor compasivo y fraterno.

Oremos: ¡Dios te salve, María!, llena de gracia; !el Señor está contigo! Santa María, Madre de Dios ¡ruega por nosotros pecadores!