Dom
6
Jun
2021

Homilía Corpus Christi

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

Mi Cuerpo…mi Sangre: ¡tomad!

Pautas para la homilía

Nueva Alianza

En el Antiguo Testamento, la relación de Dios con su pueblo se expresa en términos de Alianza. En el relato del Éxodo, que nos narra la primera lectura, Moisés da a conocer las palabras y mandatos del Señor y el pueblo responde contundentemente: “Haremos todo lo que manda el Señor…y lo obedeceremos”. Así, Israel muestra su compromiso de vivir en la Alianza que el Señor le propone. Para ratificarla Moisés utiliza la sangre, símbolo de la vida, pues la Alianza compromete la vida, y derrama una parte sobre el altar, que simboliza a Dios, y con la otra  rocía al pueblo. Esta alianza prefigura la Alianza Nueva y definitiva que se habría de establecer en la Sangre de Jesucristo: su vida entregada por amor. La Eucaristía es memorial de esta Nueva Alianza que funda una nueva comunión con Dios, gracias a la Sangre de Aquél que borra el pecado, es decir, elimina todo lo que impide vivir en la alianza plena con Dios.

Acción de Gracias

El Salmo Responsorial, orado desde el Nuevo Testamento, es una invitación a la acción de gracias por la salvación. Dios, a través de su Hijo, ha roto nuestras cadenas. En la Eucaristía alzamos la Copa de Cristo, invocando el Nombre del Dios misericordioso que nos salva por el misterio pascual de su Hijo. La Eucaristía es así una solemne acción de gracias.

Sacrificio

El autor de la carta a los Hebreos, comparando el sacrificio de Jesús con los sacrificios antiguos del Templo ya caducos, incide en el valor eterno, purificador y salvador de la Sangre de Cristo. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Jesús, de la ofrenda de su vida por amor hecha una sola vez y para siempre. La Eucaristía, al actualizar esta ofrenda del Señor, nos invita a tomar parte en la misma. Compartir el cáliz del Señor es estar dispuestos a correr su misma suerte: dar la vida para ganarla de verdad.

Don y presencia

El relato de la institución de la Eucaristía, que nos narra el evangelista San Marcos, nos llena de un sentimiento profundo de admiración y adoración. En esa Última Cena, Jesús se ofrece como Don para el mundo: Cuerpo entregado y Sangre derramada. Don de sí mismo y presencia permanente de Jesús a través de la ofrenda eucarística. La Eucaristía no es metáfora sino realidad auténtica: un pan que es Cuerpo de Cristo, un vino que es Sangre de Cristo derramada por todos; Vino Nuevo que nos emplaza al Reino de Dios en su plena realización. Alimento de vida, por tanto, para el presente que anuncia el futuro victorioso de la humanidad, el mundo y la historia.