Dom
5
Jul
2020

Homilía XIV Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados

Pautas para la homilía

Iglesia Pueblo de Dios

El itinerario que señala el Papa Francisco para la Iglesia como Pueblo de Dios, tiene como base el bautismo de los fieles, convertidos en hijos de Dios, por la redención ofrecida por Jesucristo tras la encarnación del Verbo, Hijo de Dios. Fácilmente dejamos lejos los fundamentos biológicos, que nos acompañarán toda la vida.

En esta introducción, dada por sabida, incluimos la naturaleza humana, creada por Dios a su imagen y semejanza, con  sus cualidades y desarrollo cultural, tan acelerado y tan limitado al mismo tiempo. Los errores o límites en el uso de la libertad al obrar (origen del mal) condujeron misteriosamente, al Amor de Dios en la plenitud de los tiempos, a enviar al Hijo, no para condenar al mundo sino para salvarlo. Y llegó el día del nacimiento de Jesús, en Belén, hijo de María, Hijo de Dios, Mesías anunciado y esperado, reinando Herodes. Este Jesús, histórico y siendo modelo de humanidad perfecta, en todo igual a la nuestra excepto en maldad o pecado. Pocas veces se puso como modelo, “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” y por el contrario se defendió a la hora de la muerte proclamando la Veracidad de su vida y obras, para ser reconocido el Mesías esperado en Israel.

El Pueblo de Dios

En la celebración de la eucaristía hacemos profesión explicita del Credo, y es fácil caer en la poca atención a los contenidos de la fe, que relatamos. El anonadamiento de Jesús -Naturaleza divina- al asumir nuestra condición nos otorgó participar en su divinidad. No hay capacidad humana para comprender el misterio, y sin embargo, en nuestro quehacer cotidiano, recibimos los beneficios de hijos de Dios-Amor por adopción.

El Pueblo de Dios, Israel, elegido en el Antiguo Testamento, con toda la Historia salvífica y religiosa ha quedado en segundo plano en la grandeza de la Ley, religiosidad y templo. La Nueva Alianza llevada a cabo por Jesucristo con su vida y obras, crucificado y resucitado, abrirá paso a los discípulos a la fe, esperanza y amor de hijos de Dios. Inicialmente conviviendo con la ley de Moisés. Los Apóstoles (Pedro y Pablo) tendrán que distinguir la ley antigua de la novedad cristiana, para liberar a los nuevos creyentes paganos de ataduras y pesos erróneos. Los representantes legales crucificaron a Jesús, que se manifiesta como Mesías Salvador y libertador de la humanidad.

Escuchar y dialogar para caminar juntos

La iglesia sinodal, que tiene su primer nivel en la iglesia diocesana, como Pueblo con su obispo, está llamada a ser, según el Papa Francisco, la Iglesia del tercer milenio. Una afirmación sencilla que requerirá la fuerza del Espíritu y también la corresponsabilidad de todos: Es la solemne afirmación que implica el cambio de mentalidad que tantas veces nos ha recordado la exhortación de la ceniza a creer en el Evangelio. Sencilla frase, que connota el salto del Antiguo testamento al nuevo, y de la Ley de Moisés a la caridad de Cristo, amor caritativo semejante al suyo.

Escuchar, dialogar y caminar unidos son tres verbos que podemos declinar: En indicativo nos señalan como personas, sujetos responsables. Como imperativos, nos envían a elegir y ejecutar el bien, cuando del prójimo se trata, que ha dejado de ser “judío” para ser “el” que ha redimido Cristo. Son palabras cargadas de energía humano-divinas, que requieren incorporar al silencio humano interior el amor de caridad.  Cada una nos “reta” con diferente profundidad y amplitud, y con el mismo dinamismo interior compasivo samaritano de acogida y servicio.

+Escuchar, es más que oír. Exige actitud de apertura mental y la ayuda del Espíritu Santo para descubrir en cada ser humano al hijo de Dios por su misma identidad, antes y sin valorar sus acciones. Mirar con ojos compasivos e incorporar lo percibido para darle después su valoración oportuna; crecemos con lo que asumimos haciéndolo propio. Mirada amplia para descubrir al máximo la realidad, comenzando por nuestro interior, y el perdón que Dios nos ofrece junto al resto de dones y ayudas pormenorizadas.

+ Dialogar.El grupo que dialoga con esta base cristiana, se ha de esforzar por mantener criterios y generosidad que fácilmente rebosan sus límites humanos, de raíz egoísta. No son las ideas quienes fácilmente construyen puentes de concordia, paz y bienestar, sino los amores compasivos los que marcan lo necesario para tales comportamientos. Si la mirada sigue orientada al mismo objetivo, le será posible discernir cada caso particular.

Desde el cansancio a la esperanza

Cansados, sobre todo, están quienes perciben su vida como carga pesada, sin origen ni destino por multitud de causas.  Jesús, saliendo siempre al encuentro, nos invita con sencillez a abrir la mente y el corazón, a vivir confiados en Dios Padre de otra forma, sin miedos acumulados. Dice el Papa Francisco que cada uno discierne libremente su propio camino para descubrir con más Luz lo mejor de sí mismo, más allá de deficiencias y tropiezos; reconociendo los límites y los apoyos, que salen al paso, podrá convertirse en un enviado más, un servidor de la Buena Noticia del amor al prójimo como Jesús nos ha amado y empujado.

El sentido profundo de la vida donada por Jesús es que sea para todos Vida definitiva, en abundancia; algo posible desde la opción por los últimos: La universalidad para ser incluyente empieza así. Es también sentido y misterio de la vida cristiana: Lo que no se da, se pierde; el amor es re-generador de vida en uno mismo y los demás. El amor entregado a diario, como el de Jesús, ha de nacer libremente, con decisión, consciente de que nadie nos quita nada, sino que lo entregamos todo voluntariamente.