Dom
25
Oct
2009

Homilía Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Anda, tu fe te ha salvado y al momento recobró la vista y le seguía por el camino

Pautas para la homilía

  • Los pasos

Los pasos se han ido sucediendo en el episodio evangélico son los siguientes: 1º tener conciencia de su ceguera; 2º sentir el paso de Jesús; 3º atreverse a hacerse oír en medio del gentío; 4º despreocuparse de los que quieren apartarle de Jesús; 5º escuchar a los cercanos a Jesús que acaban invitándole a que se levante y se acerque a él; 6º levantarse con decisión y plena confianza en Jesús y acercarse a él; 7º verse curado.

No cuesta aplicar ese relato a nuestra vida, y considerar cómo pasos semejantes han de darse en nuestra vida:

1º tener conciencia de que hay zonas ciegas en nuestra mente, que nos llevan por momentos –a veces largos momentos- a vernos a oscuras para encontrar sentido a lo que hacemos y somos.
2º Ser capaces de sentir la presencia de Jesús que pasa por nuestra vida: en el evangelio que oímos, en el hermano con el que convivimos.
3º Gritarle nuestra situación, es decir: exponerla desde el fondo de nuestro ser, con auténtica sinceridad y confianza.
4º. Seguramente  tendremos que superar tantas voces, interiores de uno mismo, o exteriores, de otros, que nos quieren desanimar de buscar la solución ante Jesús, de acercarnos a él. Es necesario la constancia, seguir queriéndose oír por Jesús
5º Hemos de estar seguros de que también en nuestro entorno alguien nos animará a levantarnos y acercarnos a él: ánimo, levántate que te llama. Quizás los mismos que querían que continuáramos ciegos indiferentes al paso de Jesús.
6º Aceptar con decisión esa invitación abriéndose paso entre otros cantos de sirenas y verse cara a cara con Jesús.
7º Ese acto de fe tendrá un premio, seremos curados, se nos iluminará la mente, veremos el sentido de nuestro existir, experimentaremos que merece la pena apostar por Jesús y su evangelio; porque veremos, nuestros ojos se levantarán de la tierra, de las preocupaciones que nos atan a tener más cosas o más poder, para mirar a quien nos hace ser más.
 

  • En definitiva la fe nos cura y nos introduce en el seguimiento de Jesús.


 El ciego “soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús”. Ánimo no le faltaba, y le sobraba fe en lo que Jesús podía hacer por él. Expone ante Jesús su deseo: poder ver. Jesús atribuye a su fe la curación. La fe entendida como confianza en ese Jesús, que puede comprender a los ignorantes y extraviados y, como Sumo Sacerdote, representarnos ante Dios, según escuchamos en la segunda lectura. Fe en quien se hizo uno de nosotros, caminó por nuestros caminos para que nos pudiéramos levantar de nuestras miserias y librarnos de nuestras cegueras. Fe que no es sólo cuestión de una decisión inmediata y rápida que podría quedar en el olvido una vez conseguido lo que se deseaba, sino que implica continuar en el seguimiento de Jesús, como hace el ciego curado: “anda, tu fe te ha salvado y al momento recobró la vista y le seguía por el camino”.