Abr
Homilía Jueves Santo
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ ¿Comprendéis lo que hecho con vosotros? ”
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Reflexión del Evangelio de hoy
Jueves Santo
Si en el calendario cristiano hay un día señalado, especialísimo, en el que tiene sentido celebrar la Eucaristía, ese día es hoy, cada JUEVES SANTO.
El Jueves Santo es un día de recuerdos en nuestra historia de Salvación; día del “memorial” de la entrega total de Dios a la humanidad. Día en que recordamos la Alianza Nueva y Definitiva.
El contexto del Jueves Santo es la Pascua Judía en la que el pueblo celebraba cada año el paso del Señor; el paso de Dios dando vida y liberación a su pueblo, a sus hijos. Dios toma la iniciativa, siempre. Pero en esta ocasión hay algo nuevo: Jesús va a ser el cordero pascual, que va a derramar su sangre por nosotros, para liberarnos de la esclavitud del pecado y darnos la libertad de los hijos de Dios.
Jesús sabía que aquella Pascua era la última, sabía que estaba decretada su muerte y por eso es tan especial aquella “última cena”; por eso, antes de despedirse de los suyos, quiso resumir con unos gestos todo el sentido de su vida y su enseñanza.
Esta tarde también nosotros podemos entrar en este cenáculo en el que Jesús está reunido con sus discípulos para comer juntos la cena de Pascua y contemplar el gesto de ponerse de rodillas delante de cada uno de los discípulos para lavarles los pies, y de partir el pan.
Memorial con el pan y el vino
El pan: el alimento básico y elemental para nosotros, que mantiene nuestra vida día a día; que deshaciéndose, se transforma en parte de nosotros y en energía vital. Si el pan es fruto del trabajo humano, nuestro trabajo, nuestro quehacer es fruto del pan, del alimento que tomamos. El pan, además, es sencillo, humilde, no se da importancia… es como la prosa de cada día.
El vino: es la poesía, la propina, la fiesta. Pan y agua son lo indispensable. Pero cuando se agasaja o festeja a alguien se ofrece pan y vino (ya en el Gn. al vencedor en la batalla, Melquisedec le ofrece un banquete, convite, fiesta)
Participar en la Eucaristía, comer su Cuerpo, beber su Sangre es entrar y asumir el proyecto de vida de Jesús; es intentar actuar en la vida con los criterios que Jesús actuó.
El lavatorio de los pies
Es el otro sacramento del Jueves Santo. Para entenderlo tenemos que olvidarnos de nuestras calles asfaltadas, cuidadas. En la época de Jesús muy pocas personas usaban calzado; los que lo hacían, solo tenían unas simples sandalias. En las calles de tierra se tiraban los restos orgánicos, las comidas de los animales, etc. Lavarse los pies al entrar en casa era un ritual obligado y necesario. Correspondía hacerlo a los esclavos o a los siervos. En las familias pobres, a la esposa o a las hijas.
Jesús que lava los pies, se pone en el lugar más bajo, indicando dos cosas: él viene a servir, no a ser servido; y no admite que unas personas sean consideradas inferiores a otras. Jesús es el señor que atiende a los criados, que sirve. Y con este gesto nos está enseñando, además, cuál es la manera acertada de estar ante “lo sucio” de los otros, ante sus defectos, fallos, pecados… y nos invita a ponernos de rodillas para lavarlo y devolverles la posibilidad de continuar caminando; es preciso arrodillarse ante el hermano, a pesar de…
Impresiona ver a Jesús lavando los pies a sus discípulos; desde entonces entendemos mejor que el cristiano no puede dejar de servir, y que es con esta actitud de servicio y entrega como se concreta llevar a la vida diaria “el testamento de Jesús”, el mandamiento del amor. Jesús no nos pide que seamos buenas personas, que nos amemos mucho. Él quiere más de nosotros, sus discípulos. Que amemos “como Él nos ha amado”.
Ojalá que estas actitudes, este estilo de vida y entrega de Jesús sean el referente que dé sentido a la vida de todos los sacerdotes, como servidores a la comunidad. Pidamos juntos a Dios que nos esforcemos por celebrar la Eucaristía después de habernos dejado lavar el corazón por Él; y de habernos arrodillado sirviendo en el día a día a nuestros hermanos.
¿Seremos capaces de perpetuar su memoria? ¿Estamos dispuestos hoy, y cada día, a amar y amarnos, como Él lo hizo y sigue haciéndolo?