Dom
1
Ago
2010

Homilía XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Año litúrgico 2009 - 2010 - (Ciclo C)

Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes

Pautas para la homilía

  • “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”

Como hemos comenzado diciendo, vano es, por tanto, algo hueco, vacío, sin sentido, caduco, inútil, que no tiene fundamento, y por si algo más negativo se pudiera decir de ello, se muestra arrogante y presuntuoso –¿por qué nos empeñamos los seres humanos en presumir de nada?–. Por lo mismo, vanidad es falto de realidad, poco duradero o estable, caducidad de las cosas de este mundo; y de nuevo, arrogancia, presunción, envanecimiento.

Es de este último aspecto del que nos previene Qohelet, de envanecernos por causa de lo que somos, hacemos o tenemos, porque, al fin, poco queda de nosotros cuando nos vamos. La sabiduría, la ciencia, las preocupaciones y trabajar de sol a sol sin más fin que el propio esfuerzo, se convierten en vanidad y por tanto, vacío, se acaba y no perdura. Entonces ¿para qué gloriarnos por ello?
 

  • “Para que adquiramos un corazón sensato”

Hasta aquí parece que el texto sapiencial nos advierte de que una vida vivida de este modo se puede convertir en puro vacío. Pero a la vez nos hace interrogarnos por cuál es el sentido que puede tener todo nuestro esfuerzo si al final obtenemos la misma recompensa que los demás o bien no podemos disfrutarlas pues nuestro tiempo no es infinito. Nadie nos asegura que el empeño, el buen hacer o la sabiduría que invirtamos durante ese tiempo sea garantía de un cierto éxito vital. Además, muchas veces nos preguntamos sobre la “utilidad” que puede tener el tratar de hacer las cosas bien mientras vemos que otros utilizando el engaño, la falsedad o métodos corruptos obtienen estupendos resultados mucho más satisfactorios. Esto nos lleva a cuestionarnos por la necesidad, o no, de seguir ciertos criterios morales.

Sabemos que nuestros días no son eternos, que somos una especie de “vela nocturna”, tal como dice el salmo. Por lo tanto, hay que intentar vivir el presente del mejor modo posible. No podemos permitirnos perder tiempo, así que entonces, parece que hemos de esforzarnos en sacarle máximo provecho, en obtener el mayor rendimiento y en conseguir todo el beneficio que seamos capaces.

  • ¿Para qué tanto esfuerzo?

Qohelet nos pregunta pero ¿de qué vale el esfuerzo? La respuesta lo cierto es que se las trae. Pues por un lado parece que a lo largo de nuestros días es poco o muy poco lo que podemos hacer por nosotros mismos y encima nuestro destino es ser algo así como simplemente, polvo. Lo cual no suena excesivamente importante ni interesante, la verdad. Teniendo frente a nosotros ese horizonte, se hace necesario buscar otras motivaciones para seguir queriendo tirar hacia delante.

Sin embargo, en el salmo se hace una petición un tanto extraña, se pide “sabiduría para calcular nuestros años”. Ya que nuestro tiempo es poco, vale la pena por lo menos, dosificarlo lo mejor posible. Parece una propuesta inteligente la del salmista. Pero la dificultad es dar con las medidas que podemos utilizar para hablar acerca de estas cantidades. ¿Se referirá a que hemos de guiarnos por el beneficio obtenido con nuestro trabajo?, ¿a tener una o varias hipotecas?, ¿a dotar a nuestros hijos e hijas de comodidades y posibilidades de estudio?, ¿a disfrutar de dignidades que ofrece la vida eclesiástica?, ¿a que se nuestras parejas o amigos sepan hasta donde somos capaces de hacer por ellos?; o bien, a que seamos capaces de reconocernos en nuestras acciones solidarias ya que compartimos algo de tiempo y dinero con “otros” más desfavorecidos? Sin duda todas estas cosas son importantes y a ellas hemos de dedicarle tiempo y muchos de nuestros desvelos. Pero sigue sonando a poco. No creemos que con ellas nuestras vidas se conviertan sin más en satisfactorias. Así que nosotros y nosotras, que estamos acostumbrados a los deseos y a los sueños queremos, simplemente, mucho más.

  • La inversión energética

Como vemos, no es posible contentarnos con tener éxitos, dinero o recompensas sociales, quizá es necesario rellenarlas de otras cosas o incluso cambiar el orden para poder analizarlas de otro modo. Es decir, a muchos y muchas de nosotras se nos ha hablado repetidas veces mediante un lenguaje que utilizaba expresiones como ir a más, buscar lo mejor, examinarlo todo, soñar o abrir posibilidades. Son expresiones que nos han permitido entender la realidad de otro modo. No sé si mejor o peor, pero sí de algún modo diferente.

Oímos que hubo un galileo que enseñaba a “renovar energías” y lo hacía no desde la acumulación sino siendo consciente de lo mucho o de lo poco con lo que contaba en ese preciso instante. De este modo obtenía por lo menos el doble, disfrutaba del presente y al mismo tiempo renovaba las esperanzas de los que se atrevían a escucharle. Les invitaba a no amasar riquezas para sí y para el futuro. Lo completamente útil, lleno y valioso para el Nazareno era afrontar la propia vida desde la misericordia y la bondad de Dios. Eso es lo que hace una vida verdaderamente renovable. Eso es lo que hace prosperar nuestra vida y lo que nos proporcionará auténtica alegría y júbilo. Desde esta clave podremos comprender el resto de nuestros esfuerzos.