Ene
Evangelio del día
“ El que tenga oídos para oír, que oiga ”
Primera lectura
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-17
En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:
«Ve y háblale a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me vas a construir una casa para que sea morada mía?
Desde el día en que hice subir de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, yo no he habitado en casa alguna, sino que he estado peregrinando de acá para allá, bajo una tienda como morada. Durante todo este tiempo que he peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso me dirigí a alguno de los jueces a los que encargué pastorear a mi pueblo Israel, diciéndoles: 'Por qué no me construís una casa de cedro?'”.
Pues bien, di a mi siervo David: “Así dice el Señor del Universo. Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel.
He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra.
Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel.
A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.
En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.
Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si obra mal, yo lo castigaré con vara y con golpes de hombres. Pero no apartaré de él mi benevolencia, como la aparté de Saúl, al que alejé de mi presencia. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».
Natán trasladó a David estas palabras y la visión.
Salmo de hoy
Salmo 88, 4-5. 27-28. 29-30 R/. Le mantendré eternamente mi favor
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades. R/.
El me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora»;
y lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra. R/.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
Le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó, y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
Les enseñó muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
«Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Y añadió:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
Y añadió:
«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Reflexión del Evangelio de hoy
"¿Eres tú quien me vas a construir una casa que sea morada mía?"
Celebra hoy la Iglesia a Santo Tomás de Aquino y reconoce que es un “varón preclaro por su anhelo de santidad y por su conocimiento de las ciencias sagradas”, al tiempo que suplica a Dios que “nos conceda la gracia de comprender su doctrina y de imitar su vida”. Esta insistencia de la Iglesia la encontramos en los días después de la Epifanía y al comienzo de la Cuaresma. Conocer progresivamente y contemplar el misterio de Cristo para vivirlo en plenitud.
La pregunta que se le hace a David por parte de Dios, a través de Natán, nos conduce a considerar cuál es el verdadero templo en el que Dios desea habitar. El no ha pedido nunca que se le construya una casa. Ha peregrinado acampando con Israel. Ha caminado con ellos en medio de ellos.
Dios le recuerda cómo ha sido su actuación con él y se repite lo dicho a Abrahán: la descendencia verá cumplida la promesa. A David se le indica: “Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino”. El contenido de la promesa siempre va más allá de lo inmediato. La casa, el trono, el reino, no quedan limitados por el espacio y el tiempo. Es el Señor quien construye la casa y hace durar eternamente su reino. Y ello se realiza en la persona de Cristo. En él habita la plenitud de la divinidad y por medio de él será cada ser humano el lugar en el que Dios desea habitar.
Ya no será un lugar determinado, pues Jesús nos enseña que quien guarda su palabra será amado por su Padre y “vendremos a él y haremos morada en él”. Caer en la cuenta del deseo de Dios es de vital importancia.
"Le mantendré eternamente mi favor"
Todo el salmo es un canto al cumplimiento de la promesa. El linaje perpetuo, el trono para siempre que Dios jura dar a David, lo vemos realizado en la encarnación del Verbo. Jesús dirá: Nunca estoy solo, el Padre siempre está conmigo. Y eso se revela en la respuesta dada a Felipe: “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Y en otro lugar indica: el que a vosotros os recibe, me recibe a mí y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
Todo eso nos llena de confianza y por eso repetimos la promesa que se nos ha hecho: “Le mantendré eternamente mi favor”. Porque unidos al Hijo, por él hemos sido adoptados como hijos y hecho uno en el Uno, participamos de la realidad de la Promesa.
"Escuchad: salió el sembrador a sembrar"
San Marcos sitúa estas enseñanzas de Jesús junto al mar de Galilea y una multitud de oyentes. Tiene delante gentes que han acudido a escuchar y sin duda con una gran diversidad de situaciones. A todos les pide que escuchen, no solo que oigan. La enseñanza se ofrece a todos y a cada uno y está dirigida a iluminar esa diversidad de situaciones. Quieren aprender y para ello es necesario prestar atención. La enseñanza, como la semilla, se entrega a cada uno en su realidad personal. Y esa semilla acogida y arropada, podrá germinar si respondemos al deseo del Señor.
Jesús tiene en cuenta esa diversidad, de ahí que señale la diversidad de disposiciones para acogerla y las consecuencias de una escucha sin compromiso. Está llamando a considerar, por parte de cada uno de los oyentes, cómo se encuentra en relación con dicha enseñanza. Identificar aquellas cosas, ocupaciones y preocupaciones que obstaculizan el desarrollo de la enseñanza.
Por eso termina la parábola diciendo: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. No se trata de complacencia con el discurso y el gozo inmediato. Se trata de acoger, retener, examinar y examinarse a la luz de dicha enseñanza para que pueda producir fruto y un fruto que dure.
"Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí". Acuden a él, por quien el Padre se revela, pero es necesario aprender. Los discípulos y los Doce le rodean y le preguntan por el sentido de las parábolas. La respuesta de Jesús pareciera ser excluyente: “A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”. Hay que dejar los prejuicios y abrirse para acoger, en cada momento y circunstancia de la vida, la enseñanza liberadora de Jesús. Es necesario reconocer que es él el que nos libera y capacita para dar fruto.
Necesitamos suplicar al Señor que seamos dóciles a la acción del Espíritu, porque será él el que nos recuerde, explique y mueva a acoger, contemplar y vivir la enseñanza de Jesús. Entender que no hay exclusión. Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.
¿Escucho de verdad o me limito a oír?
¿Me dejo iluminar por su palabra en diversidad de situaciones y circunstancias?