Sáb
19
Jun
2010
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.

Primera lectura

1ª Lectura: 2ª Crónicas 24, 17-25

Después de la muerte de Yehoyadá vinieron los jefes de Judá a postrarse delante del rey, y entonces el rey les prestó oído. Abandonaron la Casa de Yahveh, el Dios de sus padres, y sirvieron a los cipos y a los ídolos; la cólera estalló contra Judá y Jerusalén a causa de esta culpa suya. Yahveh les envió profetas que dieron testimonio contra ellos para que se convirtiesen a él, pero no les prestaron oído. Entonces el espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá que, presentándose delante del pueblo, les dijo: “Así dice Dios: ¿Por qué traspasáis los mandamientos de Yahveh? No tendréis éxito; pues por haber abandonado a Yahveh, él os abandonará a vosotros”. Mas ellos conspiraron contra él, y por mandato del rey le apedrearon en el atrio de la Casa de Yahveh. Pues el rey Joás no se acordó del amor que le había tenido Yehoyadá, padre de Zacarías, sino que mató a su hijo, que exclamó al morir: “¡Véalo Yahveh y exija cuentas!”.
A la vuelta de un año subió contra Joás el ejército de los arameos, que invadieron Judá y Jerusalén, mataron de entre la población a todos los jefes del pueblo, y enviaron todo el botín al rey de Damasco, pues aunque el ejército de los arameos había venido con poca gente, Yahveh entregó en sus manos a un ejércitomuy grande; porque habían abandonado a Yahveh, el Dios de sus padres.
De este modo los arameos hicieron justicia con Joás. Y cuando se alejaron de él, dejándole gravemente enfermo, se conjuraron contra él sus servidores, por la sangre del hijo del sacerdote Yehoyadá, le mataron en su lecho y murió. Le sepultaron en la Ciudad de David, pero no le sepultaron en los sepulcros de los reyes.

Salmo

Sal 88, 4-5. 29-30. 31-32. 33-34 R. Le mantendré eternamente mi favor.

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» R.
«Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo. » R.
«Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos.» R.
«Castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas; pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad.» R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. - Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »

Reflexión del Evangelio de hoy

  • El carpe diem de Dios: una apuesta por la Providencia

Nos encontramos ante un evangelio, mezcla de hermosura, literatura, realismo y lección magistral.

En los tiempos que vivimos son cotidianas frases del tipo: “Hay que vivir al día”, “disfruta el momento”, “vive el presente”. Vivimos en una cultura del ya, del ahora, de lo inmediato; como si el mañana no existiera, o no nos importara, sin ser conscientes que si no hay mañana desaparece la esperanza, motor de la vida del ser humano.

Pero también es verdad que muchas veces, aun con estas frases tan cotidianas, nos situamos en el extremo opuesto. Vivimos todos nuestros proyectos en el mañana, programamos y planeamos todo de tal manera que no dejamos lugar a la sorpresa. Proyectamos nuestro mañana sobre las claves que sabemos que podemos manejar y manipular: dinero, vestido… pero no programamos desde el sentido, desde la felicidad porque no están al alcance de nuestra manipulación, así no solo matamos la esperanza, sino que matamos la propia vida.

¿Acaso el ser humano no puede vivir desde el equilibrio? ¿Dónde se encuentra este equilibrio?

Jesús nos ofrece en el evangelio de hoy una respuesta original y atrevida, bien podríamos llamarla el “Carpe Diem de Dios”. Sin duda, Jesús nos invita a vivir en el presente, pero a vivir en el presente con la esperanza del mañana puesta en manos del Padre.

Quien ha experimentado el amor sabe que no hay posibilidad de programación, el enamorado disfruta del momento presente, sabiendo que su máxima esperanza reside en permanecer mañana junto al amante, ahí es dónde reside el sentido de su presente y de su futuro. En este amor no caben medias tintas, no cabe servir a dos señores, solo cabe la exclusividad de quien sabe que en el amor está el sentido y fin último de su ser. ¿Acaso la experiencia de Dios no es una experiencia de Amor en su más profunda y pura esencia?

No se trata de despreocuparnos del mañana, y mucho menos de despreocuparnos del prójimo, como si el sufrimiento de quien está a nuestro lado fuera voluntad de Dios. Nuestra fe ha de llevarnos a centrar nuestra preocupación en la realización de todo ser humano, en buscar y construir el Reino de Dios, en hacer de nuestro mundo un espacio de justicia, en definitiva, en construir caminos y cauces de sentido para todo ser humano, sea cual sea su realidad y condición; caminos que nacen en el hoy y se proyectan hacia el mañana, pero que se proyectan en las manos del Padre, del Dios de Jesús, para quién cada ser humano es centro y objeto de su amor más profundo.

Jesús nos invita a no preocuparnos por el mañana, sino a ocuparnos del mañana. A dejar nuestra vida en manos del Padre, y esto no es otra cosa que dejar que el Padre y el evangelio se conviertan en centro y guía de nuestra existencia, a hacer del Reino de Dios nuestra máxima prioridad. Busquemos, pues el Reino de Dios y todo lo demás se nos dará por añadidura.