Vie
15
Sep
2017
Mujer, ahí tienes a tu hijo

Primera lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1 Tim 1,1-2. 12-1

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra, a
Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz se fio de mí y me confió este ministerio, a mí,
que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que
hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el
amor que tienen su fundamente en Cristo Jesús

Salmo

Sal. 15 R. Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Me enseñarás el sendero de la vida
me saciarás de gozo en su presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios derrochó su gracia en mí

San Pablo comienza su carta a Timoteo, haciendo una especie de confesión general, llena de humildad y gratitud para con Dios, agradeciendo a Dios que le haya llamado a ser ministro en la comunidad, a pesar de su pasado nada recomendable.

Pablo no esconde su pasado, está convencido de que Dios tuvo misericordia de él porque él era un ignorante, y por eso proclama con fuerza:"la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí, dándome la fe y el amor cristiano".

Ésta es una de las grandes y constantes afirmaciones de San Pablo: la primacía de la gracia, la gratuidad del don de Dios... la justificación por la fe y no por las obras... la salvación considerada como una obra de amor divino.

De aquí podemos sacar, al menos, dos conclusiones para nuestra vida. Primera que Dios es misericordioso y está siempre dispuesto a perdonar nuestros pecados, y a fiarse de nuevo de nosotros. En su misericordia nuestros pecados ya no existen, somos criaturas nuevas. Segunda conclusión es que esto que hace Dios con nosotros, debemos hacerlo nosotros con nuestro prójimo. Tenemos que vivir sin etiquetar a los demás, olvidar su pasado y creer que, al igual que con nosotros, la gracia de Dios puede hacer de ellos una criatura nueva.

Por otra parte, Pablo desea a Timoteo, y nos desea a nosotros, la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús. Ésta es su heredad, de la que nos habla el salmo responsorial: "Tú eres, Señor, mi heredad", y quiere que nosotros la compartamos con Él. Todos estamos llamados a vivir la vida de Dios, que se nos da por pura gracia. No hagamos vana la gracia de Dios.

Mujer, ahí tienes a tu hijo

Hoy celebramos la fiesta de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, y este Evangelio recoge sin duda alguna el mayor dolor que sufrió la Virgen María, ver a su Hijo en la Cruz y sabiendo que iba a morir.

Desde la Cruz, Jesús, derramó su gracia sobre nosotros de manera desbordante; nos explicó sin palabras la lección magistral de Amor; dio su vida por nosotros... y por si fuera poco nos dio a su Madre. Esas palabras: "Mujer, ahí tienes a tu hijo... ahí tienes a tu madre", no sé qué resonancias tendrían en el corazón de la Virgen, por lo desproporcionado del cambio, pero sí sé cómo resuenan en mi interior sabiendo que Ella es mi Madre.

Que la Virgen sea nuestra Madre nos está invitando no sólo a amarla, sino sobre todo a imitarla. Imitar sus virtudes: su silencio, su humildad, su disponibilidad a los planes de Dios, su fortaleza en el sufrimiento, su caridad, su esperanza.

María, vivió todo esto unida a Cristo, su Hijo, y eso es lo que desea para nosotros, que vivamos unidos a Él. Con Él, todo lo podemos, hasta lo más difícil. Si no sabemos el camino para llegar a Él, acudamos a la Madre y ella nos guiará.