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Jesús, liberador de la mujer, y la trata de personas

21 de marzo de 2018

  La tarde del 15 de marzo tuvo lugar la segunda de las sesiones de formación programadas para este año por el Observatorio de Derechos Humanos Samba Martine.

  Marifran Sánchez Vara, directora de la Sección de Trata de la Conferencia Episcopal, orientó la reflexión sobre el tema “Jesús, liberador de la mujer y la trata de personas”.

  Planteada como un ir a la raíz de la actuación contra la trata, inició la sesión con un vídeo-testimonio de una víctima de trata, “LOVETH”, a través del cual vuelven a resonar las palabras de Jesús: “Esta mujer forastera, empobrecida, abusada, engañada, amenazada, violada, herida… ERA YO, SOY YO”.

   Continuó con un breve repaso de lo que es la trata en general, aspectos que responden a situaciones de mujeres y varones, víctimas de trata en sus diferentes modalidades, pero que recentraron en la mujer dedicada a la explotación sexual, de ayer y de hoy.

   Para contemplar en profundidad la actitud de Jesús para con las mujeres, se hizo un rápido recorrido por su contexto a partir de la situación de las mujeres que refleja el Antiguo Testamento. Así se ve a las mujeres consideradas como posesión de los varones; como tales les sirven y son moneda de cambio para sus fines, sin derechos propios más que en relación a su situación familiar. La violencia para con las mujeres se hace patente en varios episodios: Lot ofrece a sus hijas para ser violadas, Abraham no tiene reparo en ofrecer su mujer al rey de Guerar, en el Éxodo y el Deuteronomio se regula el pago que un hombre puede obtener por la violación de su hija… Pero por contraste también hay en el Antiguo Testamento mujeres empoderadas por la fuerza del Espíritu para liberarse y actuar como agentes de liberación: Agar, Ruth, Esther, Judith, Débora…

En tiempos de Jesús las cosas no eran mejores para las mujeres

   En tiempos de Jesús las cosas no eran mejores para las mujeres. Pero, se puede decir, era otro pueblo y otra época, la mentalidad de la gente era así… Por eso la postura de Jesús es más extraordinaria: él, hombre de aquel tiempo y plenamente judío, se posiciona de forma radicalmente distinta y abre caminos de liberación. Desafía los preceptos patriarcales de varios modos:

  • Sana a las mujeres consideradas impuras.
  • Desmonta prejuicios y se opone a ellos.
  • Se acerca a las mujeres con respeto, sin prepotencia, toma partido por ellas cuando las condenan.
  • Se relaciona con ellas como amigas.
  • Las hace sus discípulas y testigos privilegiados de su resurrección.

  Dos mujeres discípulas, enviadas a dar testimonio:

  • La mujer samaritana con quien Jesús, como maestro, no podía hablar. Una mujer marginada dentro de un pueblo marginado. Pero para Jesús es una persona capaz de diálogo, con quien habla de teología y a quien se revela: “Yo soy, el que habla contigo”. Ella lo descubre como profeta y lo anuncia como testigo a la gente de su pueblo, que, por su palabra, acude a él.
  • María de Magdala, sanada por Jesús, discípula en Galilea, en el camino hacia Jerusalén y en la pasión y la muerte de su maestro. Elegida por él primera testigo de su resurrección, y a quien todos los evangelios reconocen como anunciadora enviada a los apóstoles.

  Acabada la reflexión, se dedicó un tiempo a compartir experiencias de trabajo con mujeres víctimas de trata. Concretamente como voluntarias del equipo de salud del Proyecto Esperanza (Adoratrices).

jesus liberador mujerMarifran Sánchez Vara, directora de la Sección de Trata de la Conferencia Episcopal

  A partir de una muñeca rusa, los participantes se preguntaron: ¿Qué es esto? ¿Para que sirve? ¿Cómo se consigue? ¿Qué se hace cuando se estropea o uno se aburre de ella? Las respuestas son obvias: una muñeca, que sirve para jugar, que se compra y cuando se estropea se tira. La similitud con las víctimas de trata también es obvia. Pero eso, desde la mirada del tratante o del cliente; desde la mirada de la propia mujer es una persona a quien se le ha ido arrancando todo (como se va desmontando una muñeca rusa) hasta que solo queda ese núcleo en que nadie puede entrar. Ese núcleo queda, con su dignidad y su fuerza, y a partir de él una mujer puede empezar a rehacer su vida.

  La experiencia es que muchas no pueden, ni se les presenta la ocasión.

  Otras sí, por circunstancias o por propia iniciativa. Pero todo es difícil: confiar en alguien, volver a convivir con iguales, las pruebas médicas, superar la barrera del idioma, de las diferencias culturales, de la incapacidad para comunicar… Más difícil aún colaborar con la policía y denunciar a sus explotadores, que es, en la práctica, la condición para ser reconocida víctima de trata, con el temor por las consecuencias para ellas y sus familias. Es en ese proceso donde se hace el trabajo de acompañamiento. Solo de acompañamiento en sus diferentes aspectos, porque las protagonistas son ellas. Asombra y admira su fuerza y su esperanza; en muchas, su confianza en Dios, sea cual sea su religión, a pesar de todo lo pasado.

  Y preocupa la enormidad del negocio hecho con su explotación, la crueldad con que las tratan explotadores y clientes. Todos ellos invisibles, negocian sin escrúpulos con las personas. Interroga la indiferencia y el pecado de omisión, al no poner suficiente empeño, cada cual desde su lugar, para actuar en la prevención, la educación y el acompañamiento, para que ese desprecio de la dignidad humana, y con ella de palabra de Jesús, no se siga produciendo, de generación en generación, como si nos fuera totalmente ajeno.