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Esther Santana: “La visita del Papa puede ayudar a ver rostros e historias concretas”

La priora del vicariato de España de la Congregación Romana de Santo Domingo participa en la serie “rostros dominicanos” ante la visita del Papa León XIV a España

Dentro de la serie rostros dominicanos ante la visita del Papa León XIV a España, conversamos con Esther Santana Vega, priora del vicariato de España de la Congregación Romana de Santo Domingo. El día 11, el Papa se encontrará en Gran Canaria con la realidad de las personas migrantes, una realidad que Esther acompaña desde la pastoral penitenciaria en las prisiones de la isla.

Su comunidad está inserta en Tamaraceite, un barrio de la capital de Gran Canaria, y ella trabaja como voluntaria de pastoral penitenciaria con personas migrantes, dentro de un proyecto en el que participan varias congregaciones dominicas y otras religiosas y religiosos.

La visita del Papa a Canarias está estrechamente vinculada a la realidad migratoria. Desde esa perspectiva, Esther Santana comparte la experiencia de acompañar a personas migrantes privadas de libertad, muchas de ellas acusadas de ser patrones de la patera en la que llegaron a las islas, y subraya la importancia de mirar sus rostros, sus historias y sus proyectos de vida.

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Esther Santana Vega, priora del vicariato de España de la Congregación Romana de Santo Domingo

“Visito regularmente la prisión de Juan Grande”

La visita del Papa a Canarias está muy vinculada a la realidad migratoria. Desde el trabajo de su congregación, ¿qué situaciones están acompañando actualmente entre las personas migrantes que llegan a las islas?

La realidad migratoria que estoy acompañando desde hace algunos años es la de las personas migrantes que, en su mayoría, han sido acusadas de ser los patrones de la patera en la que vinieron a Canarias. Esto lo hago desde la pastoral penitenciaria y, más concretamente, desde el proyecto Boza, de la Asociación Almogaren, donde un grupo de voluntarios, en su mayoría religiosos, visitamos y acompañamos a personas migrantes que están recluidas en las dos prisiones de Gran Canaria. Yo visito regularmente la prisión de Juan Grande, donde son derivados la mayoría de migrantes subsaharianos que llegan a la isla.

También he estado acompañando, como tutora, a jóvenes que han salido de prisión y que ahora están en el proyecto de la Asociación, en su proceso de integración e inserción en la calle. Es un trabajo de acompañamiento, de ayudarles a formarse, solicitar la documentación para poder acceder a formación o a búsqueda de empleo, en los casos en los que tengan derecho a permiso de trabajo y residencia, como son los jóvenes que han solicitado la protección internacional durante su estancia en prisión y se les ha concedido.

“Muchos no entienden por qué están ingresados en prisión”

También acompañan a personas migrantes en prisión, algunas de ellas sin comprender bien por qué están allí. ¿Qué se encuentran cuando entran en contacto con esta realidad?

Esta es la realidad de muchos jóvenes que visito, muchos no entienden por qué están ingresados en prisión. Ellos pagaron por venir en una patera a Canarias, se jugaron la vida en la travesía y ahora se encuentran privados de su libertad. En muchas ocasiones no hacen más que decir: “Pero si yo no sé nadar, soy agricultor, vengo del interior, ¿por qué estoy aquí? ¿Cuándo voy a salir?”.

Muchos de los jóvenes no saben más que sus lenguas, y precisan de alguien que les traduzca para poder hacer todas las preguntas, puesto que tampoco entienden el régimen penitenciario, y es poco a poco cómo van explicándoles sus compañeros cómo funciona.

“Percibo la frustración de su proyecto migratorio”

¿Qué heridas, miedos o esperanzas perciben en estas personas migrantes, especialmente cuando se sienten solas, desorientadas o privadas de libertad?

El miedo que percibo, sobre todo cuando veo a un joven que acaba de llegar a prisión, es la incomprensión a todos los niveles: no entienden la lengua, no saben por qué están allí y tampoco cuánto tiempo. Y el temor de no saber nada de sus familias. Algunos se han ido sin avisar a sus familias; otros, que sí lo saben, quieren avisarles de que están vivos.

A medida que van entendiendo que van a pasar un tiempo incierto en prisión, puesto que están preventivos, percibo en muchos jóvenes migrantes la frustración de su proyecto migratorio. Ellos venían con un proyecto: buscar trabajo y mandar dinero a sus familias. Solo preguntan cuándo podrán salir para trabajar y enviar dinero a su familia. Veo la desesperación en algunos padres de familia, con tres o cuatro hijos, que se lanzaron a venir en patera porque no tenían recursos para alimentar a sus familias, y ahora no saben cuánto tiempo van a estar en prisión ni cómo se van a mantener sin ellos.

A medida que van entendiendo que va a pasar tiempo hasta salir de prisión, voy viendo en ellos la resiliencia, la capacidad de esperar hasta acabar la condena para poder ayudar a su familia.

“Ver a los migrantes como personas, eso es lo primero”

¿Qué cree que puede aportar la visita del Papa para que la sociedad mire de otra manera la realidad migratoria en Canarias?

La visita del Papa centrada en la realidad migratoria puede ayudar a ver el rostro y las historias de personas concretas que han arriesgado sus vidas para tener o dar a su familia unas mejores condiciones. Ver a los migrantes como personas, eso es lo primero, valientes porque se han arriesgado para tener o dar un futuro mejor a sus familias. Y también ver el bien que están haciendo en nuestra sociedad, porque son personas respetuosas, que tienen grandes valores de solidaridad, apoyo y un gran deseo: trabajar.

Erradicar ese temor infundado de “nos invaden”, cuando en realidad les necesitamos para cubrir muchos puestos de trabajo que están vacantes.

“Acompañarles y caminar con ellos”

Como dominica romana, ¿cómo entiende su misión en un contexto marcado por la migración, la vulnerabilidad y la necesidad de acogida?

Entiendo mi misión situándome como acompañante de estos jóvenes en su proceso de encarcelación, en ayudarles a comprender la situación en la que se encuentran, ayudarles a entrar en contacto con sus familias.

En definitiva, acompañarles y caminar con ellos, en este proceso que no es fácil de integrar, ni tampoco de acoger. La compasión dominicana, de caminar y estar junto al más desfavorecido, al que tiene que hacer todo un proceso de aprender la lengua, aceptar que tenía un proyecto y que ahora está truncado. Y también hacer este trabajo de acompañamiento con las familias, que estando lejos, entienden menos aún la realidad, tienen miedo de que sus hijos, esposos, hermanos no estén bien.

En definitiva, ser un puente de esperanza entre el medio carcelario y el mundo exterior. Mantener el contacto con sus familias que bien están en sus países de origen, o en algunos casos tienen familia en España o en otros países de Europa; y a los que no podrán ver hasta que pasen algunos años.

Y esta misión no acaba aquí, en el marco de la cárcel, sino en ayudarles en los permisos y en la fase de integración en la sociedad. También acompañándoles a que se reúnan con familiares que están en otros lugares de España. Y esto pasa por acompañarles al aeropuerto, que jamás habían pisado, explicarles cómo viajar en avión, y miles de detalles que para nosotros parecen muy sencillos, pero no lo son tanto cuando has llegado de la patera y directamente te han enviado a prisión. Y es unos años más tarde cuando comienzas a conocer el verdadero lugar donde estás.

“Todos tenemos igualdad de dignidad y derechos”

¿Qué mensaje le gustaría que escuchara la Iglesia y la sociedad española sobre las personas migrantes que llegan a Canarias?

Recordar las palabras de Bartolomé de las Casas, defendiendo la igualdad de libertad y dignidad de las personas, más allá de su procedencia, religión, raza. Todos tenemos igualdad de dignidad y derechos, por nuestro ser personas.

Nadie arriesga su vida, deja su lugar de origen, familia, todo lo conocido, si no es porque no está bien o no alcanza a cubrir sus necesidades.

Hemos de mirarnos y ver que, en casi todas nuestras familias, hay historias de personas que han emigrado con el fin de ayudar a la familia y mejorar sus condiciones de vida. Por lo que es algo que no nos es extraño.

Y además, uno de los derechos humanos es el derecho a la libertad de movimiento y residencia, y este no se cumple en estos migrantes, puesto que se les criminaliza por no disponer de medios legales para poder salir de su país, y han de usar un medio, la patera, donde arriesgan su vida; y en muchas ocasiones, son usados por las mafias como chivos expiatorios.

Me gustaría que nos centráramos en lo que aportan estas personas a nuestra sociedad. Que seamos personas acogedoras y estemos abiertos a los diferentes, porque esto entraña riqueza, y nos hace rescatar verdaderos valores humanos, que vamos perdiendo por estar centrados en lo de cada uno. Vivimos en un mundo plural y nuestra sociedad también lo es, hay lugar para que todos podamos aportar lo que somos y tenemos.