Hna. Marcela Zamora: «Gracias por encarnar la compasión, la misericordia y la predicación»
La secretaria saliente de la Familia Dominicana agradece la labor de los voluntarios que acompañan a miles de personas migrantes en el Observatorio de Derechos Humanos Samba Martine
Antes de concluir su servicio como secretaria de la Familia Dominicana en España, la Hna. Marcela Zamora ha querido compartir una reflexión nacida de su cercanía al trabajo que se desarrolla en el Observatorio de Derechos Humanos Samba Martine. En este texto, pone rostro a la labor de decenas de voluntarios que acompañan a personas migrantes en situación de vulnerabilidad y expresa su agradecimiento por un servicio que considera un auténtico testimonio del Evangelio vivido desde la compasión, la acogida y la defensa de la dignidad humana.

Reproducimos a continuación su escrito íntegro:
El Observatorio de DDHH Samba Martine: una casa de acogida, justicia y esperanza para las personas migrantes
En estas últimas semanas, mientras el tema de la regularización de las personas migrantes ocupa un lugar importante en el debate social y político del país, el Observatorio de DDHH Samba Martine ha sido testigo y protagonista de una experiencia profundamente humana, solidaria y esperanzadora.
Desde su sede, decenas de voluntarios y voluntarias han puesto su tiempo, sus capacidades y, sobre todo, su corazón al servicio de miles de personas migrantes que buscan regularizar su situación y obtener el certificado de vulnerabilidad.
Esta labor se realiza en colaboración con dos entidades hermanas: Mundo en Movimiento y Red Interlavapiés, quienes junto al Observatorio han creado una verdadera red de apoyo y acompañamiento.
Desde el pasado 20 de abril han llegado más de 2.000 solicitudes en menos de un mes. Cada caso requiere tiempo, escucha y paciencia: las entrevistas duran entre 20 minutos y una hora por persona. Muchas personas regresan varias veces porque les falta algún documento, porque no comprenden el procedimiento o simplemente porque el miedo y los nervios les sobrepasan.
El trabajo cotidiano consiste en revisar cuidadosamente toda la documentación necesaria para la regularización y redactar los informes de vulnerabilidad para quienes los necesitan. Se atiende de lunes a sábado, días destinados a este servicio.
Para responder a esta enorme demanda se ha organizado un voluntariado admirable. Por las mañanas, alrededor de 15 personas atienden diariamente en la sede. Por las tardes, cerca de 100 voluntarios se turnan de lunes a domingo.
Cada colectivo del barrio ha aportado manos y compromiso. El espíritu comunitario ha sido impresionante: vecinos y vecinas profundamente comprometidos han hecho suyo el sufrimiento de quienes llegan buscando ayuda.
Las personas atendidas provienen de contextos muy diversos. Por las mañanas llegan principalmente personas de Bangladesh, contando con intérpretes en inglés; por las tardes acuden sobre todo personas latinoamericanas y africanas, para quienes también se cuenta con intérpretes en wolof.
Incluso han llegado personas chinas que no hablan español y que, con ayuda del teléfono móvil y de jóvenes de su propia comunidad, logran comunicarse y realizar sus trámites.
Se han formado espontáneamente redes de apoyo dentro de las mismas comunidades migrantes: jóvenes chinos ayudando a personas mayores, vecinos acompañando a otros vecinos y personas que apenas tienen recursos ofreciendo ayuda a quienes están aún más solos.
Uno de los aspectos más conmovedores que destacan los voluntarios es la manera respetuosa, delicada y profundamente humana con la que se atiende a cada persona. Quienes llegan al Observatorio suelen venir cargados de angustia y miedo. Muchos viven situaciones extremas de vulnerabilidad: trabajan sin contrato, reciben salarios injustos o, sencillamente, no les pagan. Viven bajo la amenaza constante de perder el empleo si protestan. «Sin papeles, a la calle», repiten muchos de ellos.
Las historias son durísimas. Familias enteras de cinco personas viviendo en una sola habitación. Personas mayores, como un matrimonio de más de setenta años, sobreviviendo en condiciones de extrema pobreza.
Migrantes que han atravesado varios países y que ahora deben conseguir antecedentes penales de cada lugar por donde pasaron, algo especialmente difícil en países como Cuba.
Otros encuentran obstáculos incluso para conseguir documentos aparentemente simples, como un justificante del abono mensual de transporte.
Sin embargo, en medio de tantas dificultades, los voluntarios cuentan también algo hermoso: las personas llegan con rostros cansados y tristes, pero muchas veces salen sonriendo gracias a la acogida, la orientación y la cercanía humana que reciben. Se sienten escuchadas, tratadas con dignidad y acompañadas.
Quienes colaboran en esta experiencia reconocen que también ellos están siendo transformados. Muchos expresan con humildad: «Madre mía, qué privilegiadas somos. Qué suerte tenemos. Y qué poco sabemos del sufrimiento».
Hablan también de la enorme calidad humana de quienes llegan de fuera: personas sensatas, luchadoras y llenas de dignidad. No una resignación pasiva, sino una fuerza silenciosa que impulsa a seguir adelante y cambiar la situación.
«Es una preciosidad estar aquí con ellos», comentaba una voluntaria. «Es un disfrute compartir con estas personas».
Han sido semanas intensas, llenas de cansancio, pero también de vida, comunidad y humanidad compartida.
Tanto ha crecido la atención que incluso fue necesario pedir apoyo a espacios cercanos del barrio, como la Librería Traficantes de Sueños y la asociación La Tortuga, que abrieron sus puertas para continuar acogiendo y atendiendo a las personas. Asimismo, la parroquia Cristo del Olivar ofreció generosamente sus salones todos los lunes para apoyar esta importante labor de acogida y acompañamiento.
Hoy, las paredes del Observatorio de DDHH Samba Martine «rezuman vida», como dicen quienes están allí cada día. Vida hecha de solidaridad, escucha, lucha compartida y esperanza.
Como secretaria de la Familia Dominicana, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todas las personas voluntarias que están realizando esta labor tan luminosa.
Gracias por encarnar la compasión, la misericordia y la predicación desde lo concreto de la vida. Gracias por hacer visible el Evangelio en el acompañamiento a las personas más vulnerables. Gracias por recordarnos que la dignidad humana siempre debe estar en el centro.
Marcela Zamora
Secretaria de la Familia Dominicana
