Dom
9
Mar
2014

Homilía I Domingo de Cuaresma

Año litúrgico 2013 - 2014 - (Ciclo A)

La llevaré al desierto y le hablaré al corazón

Pautas para la homilía

  • El simbolismo del relato

La llevaré al desierto y le hablaré al corazón (Os 2, 16): la imagen del desierto en la Biblia es evocada como un gran misterio. Es un lugar donde aparentemente la vida no puede existir por su sequedad y esterilidad, pero es al mismo tiempo un medio para el encuentro con Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto. Paradójicamente, este lugar árido y seco, realmente inhóspito para la vida, es privilegiado para escuchar la voz de Dios, quien habla en la desnudez de nuestro ser.

Los cuarenta años que pasó el pueblo de Israel, desde la salida de Egipto hasta la llegada a la Tierra Prometida, son un referente esencial de la historia del pueblo. Allí, Dios le guiaba de día en la columna de nube y de noche en la columna de fuego (Ex 13, 21). No se apartó de ellos en ningún momento, y les dio muestras de su existencia y de su favor para con ellos. Éste fue un camino de liberación, principalmente interior, para poder recibir las promesas de Dios.

Tres maneras tenía el pueblo judío para expresar su conversión hacia Dios: el ayuno, la oración y la limosna. La primera estaba en referencia a la relación de la persona consigo misma, la segunda a la relación con Dios y la tercera a la relación con los demás. El ayuno, en íntima relación con la mayor fiesta judía (Yom Kipur o día de reconciliación: Lv 16), agrada realmente a Dios cuando lleva a la caridad con los demás (Is 58, 1-12).

  • Las tentaciones

Jesús es llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado. Las tentaciones sirven con un medio para el conocimiento de uno mismo, el reconocimiento de Dios y el crecimiento en humanidad.

Arraigadas en la identidad de nuestro ser: en el texto aparece el diablo tentando a Jesús. Le pone en cuestión su propia identidad: «si eres Hijo de Dios…» En las tentaciones surge la pregunta: ¿quiénes somos? Aunque muchas veces no hay «tiempo» para reflexionar sobre ello, las tentaciones van directo a lo más central de nuestra vida y a nuestro entramado relacional.

En referencia a nuestro mundo de relaciones: en el relato del Génesis, Adán y Eva descubren su fragilidad en la desnudez de su ser. Se dan cuenta, después de pecar, que sus acciones afectan su propia vida, sus relaciones entre ellos y su relación con Dios.

  • El pecado

Jesús es igual en todo a nosotros, menos en el pecado. Extrapolar nuestra experiencia de pecado y tentaciones a la vida de Jesús no es adecuado. Pero sí podemos ver en él, y en el relato, cómo superar las tentaciones.

Desconfianza en Dios: en otras palabras, falta de fe. Pecar es decir «no» al amor de Dios. Siempre hace referencia a nuestra relación con Él, pero también a nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Jesús responde a la primera tentación desde su relación de amor con el Padre: «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». No peca porque confía, porque espera en Dios aún en la aridez del desierto y se aferra a la providencia del Padre.

Establecer los medios como fines: en muchas ocasiones ponemos los medios en el lugar de los fines, así el placer, el poseer y el poder son colocados como el fin último de nuestra vida. Estos son medios para llegar a ser plenamente humanos, pero medios. Al fin que Dios nos invita es la vida en comunión con Él y con los demás, poniendo las cosas, por más «necesarias» que sean, en función de esta finalidad.

No utilizar los medios que llevan al fin: elegir medios inadecuados nos implicará, no sólo un retraso en la llegada hacia el fin, sino el impedimento del mismo. En el relato del Evangelio vemos que el diablo tienta a Jesús para que utilice medios inadecuados. Le dice que convierta las piedras en pan, para así saciar su hambre. Jesús prefiere no utilizar medios que no sean plenamente humanos. También le tienta para que obre al margen de su relación con Dios: «…si te postras y me adoras». Jesús opta por mantener intacta su relación con Dios. Y finalmente, le tienta con que utilice a los demás, en este caso a los ángeles, no siempre como un fin sino únicamente como un medio: «los ángeles te sostendrán».

El relato de las tentaciones, pues, nos permite vernos a nosotros mismos y analizar nuestra relación con Dios y con los demás, partiendo desde la vida de Jesús. Pero no debemos verlas fuera del contexto del desierto, ya que allí Dios habla al corazón y es un lugar privilegiado para encontramos con nosotros mismos y con Dios.