Dom
7
Jun
2020

Homilía La Santísima Trinidad

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

El Señor bajó en la nube y se quedó con Moisés

Comentario bíblico
de Fr. Gerardo Sánchez Mielgo - (1937-2019)



Nota: La Sagrada Escritura al hablar de las distintas Personas de la Trinidad subraya en primer lugar su actuación en la Historia de la salvación de los hombres y en la creación del mundo. Tanto la teolo-gía como el Dogma, bajo el influjo de la revelación, deducen de estas actuaciones, de que habla la Escritura, la naturaleza propia de Dios. En la predicación de este domingo sería conveniente insistir y subrayar esas actuaciones salvadoras de los tres para deducir que son un sólo Dios y, por tanto, poseen igualmente la naturaleza divina.

En la predicación de este Domingo sería muy conveniente insistir en que Dios Uno y Trino es revelado como Comunión que ha hecho al hombre a su imagen y semejanza y espera que realice en el mundo este proyecto de comunión en la diversidad de pueblos, de culturas, razas, lenguas y personas. Dios es Uno y Tres Personas. Es Comunión y Diversidad. Hoy es muy urgente en la Iglesia, extendida por todo el mundo, volver a insistir en estas dos cualidades del ser de Dios manifestado en su imagen, el hombre. La urgencia de la comunión entre los pueblos queda de manifiesto en los horrores que estamos observando estos mismos días en diferentes puntos de la tierra. Urgir en los creyentes el sentido de comunión en la diversidad, fruto de un amor manifestado por Dios en Jesús y actualizado por el Espíritu, es una forma actual de celebrar el Misterio de la Trinidad. Pero hay que comenzar desde los círculos más estrechos: familia, trabajo, relaciones sociales con la mirada puesta en el amplísimo círculo de toda la Iglesia y de toda la humanidad.

Primera lectura: (Éxodo 34,4b-6.8-9.

Marco: El fragmento corresponde a la renovación de la alianza después de la apostasía del becerro de oro. Dios, fiel a su palabra, renueva la alianza con su pueblo revelándose como un Dios misericordioso.

Reflexiones:

1ª) ¡Confianza y cercanía de Dios con Moisés!

El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. A Dios no se le puede ver y seguir viviendo. Por eso la Escritura recurre a la imagen de la nube para describir este encuentro de Dios con Moisés. Se establece un profundo y misterioso diálogo. Moisés al pronunciar el nombre del Señor expresa dos cosas complementarias: que tiene la certeza de que está frente a Yahvé y que el resultado de este encuentro es benéfico para el pueblo. Las manifestaciones de Dios en la nube protectora tienen como finalidad la bonanza, la salvación. La nube, además, expresa que el Señor posee poder omnímodo.

2ª) ¡Yahvé se revela como un Dios compasivo y misericordioso!

El Señor pasó ante él proclamando: Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. En esta escena central de la historia de la salvación se ofrece una breve y rica descripción de Dios. Es cierto que en el Antiguo Testamento se insiste en que Yahvé es un Dios celoso, que parece dejarse arrastrar por la ira, que castiga los pecados del pueblo. Pero no es menos cierto que la descripción y presentación de Dios como misericordioso y benigno es mas frecuente. Aparece con más frecuencia su misericordia y su benignidad. Y esta misericordia se manifiesta en dos direcciones: perdonando la culpa hasta la milésima generación a los que le buscan y le temen y acogiendo con ternísimo afecto a los que sufren. En la etapa pedagógica que se expresa el Antiguo Testamento se coordinan las dos imágenes de Dios, aunque prevalece la segunda. Es necesario contemplar a nuestro Dios como un Dios que acoge al hombre en su realidad. Y el hombre frente a Dios es siempre objeto de misericordia y benignidad. Una lectura más cuidadosa del Antiguo Testamento nos convencería de la certeza y veracidad de estas afirmaciones. Dios siempre ha sido el amigo de los hombres de tal manera que sus correcciones son siempre pedagógicas y no destructi-vas.

3ª) ¡Oración confiada de Moisés a un Dios que se compromete a caminar al lado de su pueblo!

Moisés dijo: Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura. Llama la atención el clima de confianza que envuelve la oración y el diálogo de Moisés con Yahvé. El Antiguo Testamento elogia esta característica de Moisés quien hablaba con Dios en un clima de amistad y confianza. También algunos otros personajes se caracterizan por esta actitud, como por ejemplo Jeremías, Oseas, etc. Ciertamente que son inigualables a la actitud de Jesús, el Hijo que se dirige siempre a Dios como a su Padre Bienamado. Pero estos antecedentes preparan el camino para una más perfecta revelación de las relaciones del hombre con Dios.

Segunda lectura: (2Corintios 13,11-13).

Marco: Es la doxología final de esta carta en la que se recoge una de las confesiones trinitarias más completas del Nuevo Testamento. Pero no podemos olvidar que esta carta paulina es una de las más duras del Nuevo Testamento por las tensiones graves que surgieron entre el Apóstol y la comunidad.

Reflexiones:

1ª) ¡La confesión de un sólo Dios lleva consigo la experiencia y el compromiso de vivir en una comunidad unida!

Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Llama especialmente la atención este consejo del Apóstol por la situación histórica de la comunidad. La comunidad es un cuerpo vivo formado por miembros que han creído y han sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu. Este acontecimiento ha marcado profundamente las vidas de todos ellos para formar un sólo cuerpo vivo del que la cabeza es Jesús. No obstante las dificultades de convivencia y comunión entre ellos eran graves. Esta exhortación paulina no es un recurso fácil, sino remitirles a su propio origen. Por encima de las disidencias, diferencias y tensiones es posible la unidad y la comunión entre todos porque la comunidad es una imagen de la Trinidad que vive en perfecta comunión. Ha sido necesaria esta respuesta históricamente porque era lo que necesitaba la comunidad.

2ª) ¡El Dios en que creemos está siempre presente y cercano!

El Dios del amor y de la paz estará con vosotros. La exhortación anterior sólo puede ser eficaz y realizarse en la comunidad si se tiene en cuenta a la vez que el Dios revelado en Jesucristo y que lo hace cognoscible el Espíritu es un Dios presente y cercano. Los cristianos prestan su adhesión no a un Dios mítico o a un Dios lejano en la eternidad trascendente, sino a un Dios personal, un Dios que se interesa por sus problemas, que quiere la felicidad del hombre y se compromete en llevarla adelante. Un Dios que camina con su pueblo. Un Dios en medio de la Iglesia. Esta experiencia de Dios, propia y específica del cristianismo, presenta a un Dios que responde a los anhelos de los hombres que necesitan la presencia de quien puede conducirlos a su realización plena. Y cercano, sin dejar de ser trascendente. Habita dentro de los creyentes, en medio de los creyentes, junto a los creyentes como testimonios ante el mundo. La presencia y la cercanía aseguran la comunión entre todos y, por tanto, la posibilidad de ser signos ante el mundo.

3ª) ¡Actuación diferenciada de las Tres Personas divinas¡

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros. La teología enseña que cuando hablamos de Dios volcado en la salvación de los hombres los tres actúan en perfecta y total unidad y armonía. También la teología ha convenido en hablar de "apropiaciones" cuando quiere referirse a la actuación de cada una de las Personas. Este texto de Pablo insiste en tres aspectos atribuibles a cada uno de los tres diferenciadamente. En Jesucristo encontramos la gracia, es decir, la justificación, la vuelta a la amistad y a la comunión con Dios. Jesucristo es el Único Salvador. Pero esta riqueza liberadora se enraíza en el amor del Padre como también Juan lo enseña (Jn 3,16ss). Es la causa fontal de todas las obras de Dios en su intimidad y en las realizadas en el mundo: el amor del Padre. Al Espíritu se le atribuye la fuerza de la comunión. El que distribuye los diversos carismas intenta crear la comunidad. Por todos los carismas que concede para el bien y la edificación común de todos. Es el vínculo de comunión entre el Padre y el Hijo en su intimidad y es el Arquitecto de la comunión en la Iglesia.

Evangelio: (Juan 3,16-18)

Marco: Es un pequeño fragmento del capítulo 3 que tiene como tema central: el nuevo nacimiento por el agua y el Espíritu. La posibilidad de este nuevo nacimiento se producirá cuando Cristo sea elevado sobre la tierra; y la causa activa que mueve todo el proceso es el amor de Dios enviando a su Hijo al mundo.

Reflexiones:

1ª) ¡El amor de Dios es gratuito y universal: es una oferta para todo el mundo!

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él. Juan viene explicando en este diálogo con Nicodemo las condiciones para entrar en la vida eterna: es necesario escuchar y a coger la Palabra de Jesús, Nuevo y Definitivo Moisés y renacer del agua y del Espíritu. Esto sólo será posible si el hombre descubre por la fe en el Exaltado (como la serpiente de bronce en el desierto que es signo salvador para cuantos la miraban) al propio Jesús como Hijo del Hombre. Pero la raíz profunda, el origen fontal que hace posible todo este proceso es el amor incondicional y gratuito de Dios enviando a su Único Hijo como Salvador y no como Juez. Aceptar la oferta de este amor de ambos por todos es entrar en el camino de la vida eterna que ya comienza en este mundo. Y este amor es universal, sin fronteras: se ofrece a todo el mundo, a todos los hombres. El evangelista Juan tratará de desarrollar y explicar estas concisas y escuetas afirmaciones a lo largo de todo el discurso de despedida (Jn 13-17). El Dios que se mueve sólo por amor enviando a su Hijo quiere que todos se salven y nadie perezca. ¡He ahí la singularidad de nuestra fe cristiana!

2ª) ¡El amor de Dios es creador de vida!

...Sino que tengan vida eterna. Juan enseña que el amor debe llegar hasta el don de la propia vida (Jn 15,12ss). Y esta fuerza la recibe de la fuente de este amor que es el propio Dios. Dios nos creó para la vida. Dios quiere siempre la vida. Por eso la expresión y plasmación de su amor, el signo convincente de su credibilidad es que su amor crea la vida. Pero la vida, resultado de ese amor de Dios, no puede ser otra ni tener otras características que las que tiene su propia vida: perennidad, eternidad, comunión y felicidad. Juan llega a la raíz misma que hace creíble el don de la vida. La vida eterna, perpetuada y continuada no es un sueño utópico, es una realidad, la única realidad definitiva manifestada en el Jesús histórico que reveló y manifestó el amor de Dios. La sinceridad y credibilidad del proyecto de Dios para la vida encuentra su prueba definitiva en la revelación del amor de Dios en el Jesús que vivió, asumió y se comprometió con la historia de los hombres. Es necesario subrayar estas realidades para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Lo necesitan con urgencia. La experiencia de estas realidades es posible ya en este mundo, aunque sólo en primicias. Porque los Tres están comprometidos en esta empresa.

3ª) ¡El amor de Dios es liberador y salvador!

Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El evangelista Juan vuelve la mirada una y otra vez a este mundo cuando habla del amor de Dios. Ha sabido expresar en estas frases escuetas pero densas todo el proyecto de Dios. Un proyecto liberador del hombre en todas sus dimensiones y niveles. Del don gratuito del amor de Dios revelado en el Hijo, el hombre sólo puede deducir la fiabilidad del proyecto de Dios. Puede vivir en total confianza y compromiso: hasta el don de la vida insiste una y otra vez el evangelista Juan. Es necesario insistir hoy en que la gratuidad no nos exime del compromiso, sino que lo exige y garantiza el resultado. El Evangelio invita al "riesgo con garantías". Dios, enviando a su Hijo y al Espíritu "se arriesga" con garantías. Los hombres que vivimos en este mundo necesitamos las dos actitudes: riesgo y garantía. Dios no odia nada de lo que ha creado. Dios lo creó todo para que existiera... En verdad, Dios creó al hombre para que no muriera, y lo hizo a imagen de su propio ser (Sb 1,14; 2,23).

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
(1937-2019)