Dom
6
Nov
2011

Homilía XXXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2010 - 2011 - (Ciclo A)

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean.

Introducción

Hacemos uso del opuesto, del contraste como comparación para destacar lo que intencionadamente deseamos subrayar. En el menú que la Mesa de la Palabra nos presenta en este Domingo XXXII abundan contrastes que tienen un nítido objetivo: el Señor es nuestra sabiduría, el contenido de nuestra inteligencia, el argumento mejor de nuestra espera, la fuerza de nuestro débil testimonio, la puerta de nuestro corazón.

Además, convendría que no nos dejáramos fascinar por el relampagueo de lo apocalíptico (inevitable en los últimos domingos del año litúrgico); nos corresponde hacer el esfuerzo por traducir a nuestros días el imperativo de nuestra esperanza. Vivimos y nos preocupa el más acá en el nombre del Señor, el mejor horno para la cochura de nuestra esperanza en su definitiva venida.