Dom
4
Oct
2015

Homilía XXVII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2014 - 2015 - (Ciclo B)

Hacerse una sola carne…

Pautas para la homilía

Releyendo a lo ancho y no a lo corto…

Así, cuando se repasan de corrido las lecturas de hoy, muy probablemente aparezcan, por un lado, ciertas reticencias ante algunas de las afirmaciones, que presentan y por otro, quizá algún gesto de asentimiento, depende de los ojos… Pero también puede que estemos dispuestos/as a tratar de hacer otra lectura un pelo más global, un pelo menos de género. ¿Qué tal si nos detenemos en…?

  • "No está bien que el hombre esté solo…”.

Que podíamos leer a lo ancho como: Luchemos por erradicar la soledad de la gente. No es bueno que permitamos que la gente sufra soledad... No es la voluntad de Dios. No nos sintoniza con su proyecto. Ser cómplices de la soledad de otros y otras, por abandono, por comodidad o por egoísmo, es pecado estructural en nuestra sociedad del 21. La soledad es una suerte de pobreza que agrieta el corazón humano, anticipa lo pobre del mundo. Es parte del fracaso del sueño. Es una situación que, quién más y quién menos, todos tenemos cerca. Seguro que no nos es difícil imaginar uno o varios nombres propios en este momento... Seres humanos a quien podemos comenzar a acompañar, o “acompañar más”…. Personas concretas con rostro y nombre con quien podemos, simple y llanamente, pasar más tiempo. Y si no nos es posible estar físicamente: creatividad al poder, hay mil maneras de hacernos presentes en la vida de la gente... Cuidar más, conversar más, estar más. Encuentros que pueden quebrar el frío del aislamiento, que pueden desmontar al dolor, alzar a la gente y liberarla. Así de sencillo, así de complejo a veces…

También podemos reparar en…

  • “Se unirán y serán los dos una sola carne…”.

Atreverse a hacerse una sola carne con “el otro”... ¿Qué significa eso de ser una sola carne? ¿Es solo aplicable al ámbito de los lazos conyugales? ¿Solo es legítimo entregarse de esta radical manera por la pareja o por la familia…? Cuándo dos personas contraen matrimonio a todos nos resulta sencillo pensar que es lógico que se sientan una sola carne, parte de una misma experiencia dinámica y vital que se va desplegando: dos vidas a dúo. Y esta experiencia es hermosa y grande en la vida. Pero por esta misma razón, ya que todos estamos convencidos/as de que la experiencia de vivir “lo común” es algo bueno en la vida ¿por qué tendemos de restringirlo al ámbito de la pareja o de la familia? ¿Por qué no imaginar que se nos invita al desafío de llevar vidas humanas conjugadas, grupales, incorporadas unas a otras…? ¿Cómo es eso de resolverse a llevar existencias que se tejen en común, “que se van haciendo una sola carne”? Estamos llamados a crear grupos humanos que se guardan fidelidad, lealtad,…y, sobre todo, que se hacen carne con todo aquel o aquella que sufre. Colectivos de personas que velan por la felicidad de otros y otras, que se quieren y caminan enamorados de la mano de los preferidos/as de Dios, hasta que la muerte los separa… Grandes y generosas personas que deciden “casarse” y “hacerse una sola carne” con la humanidad sufriente, con la de aquí y con la de allá. Presencias que actualizan serias y longevas “promesas de amor eterno” con los márgenes de esta carretera que llamamos mundo. Militantes resistentes, tenaces (testarudos incluso) que, como decía otra frase de la lectura de Hebreos, no se avergüenzan de llamar a la gente HERMANA... Luchadores incansables de la justicia social y las oportunidades. Esta es la propuesta, este es el verdadero “enlace”.

  • “Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos…”

A los niños a veces no se les hace caso. Son niños. Ya crecerán. Aún no saben de la vida, ¿no? Pues mira por dónde, que en el fragmento final de la lectura del evangelio de Marcos, la temática da un giro de 180 grados. Da la impresión de que Jesús quisiera decir algo así como: dejaos de preguntas trampa y mirad cómo abrazo y bendigo la inocencia de los críos. Desinstalaos ya de vuestras suspicacias y desconfianzas. Dejad de considerar quien está listo y quién no para recibir la gracia y el amor que vienen de Dios. No juzguéis y no seréis juzgados. No necesitáis llegar a ningún estándar. Ninguna marca habéis de batir. Venid que yo os abrazo y os bendigo. Venid con la sencillez de corazón de estos peques, que nada andan cuestionando porque niños son, y sin embargo: Yo los bendigo, los abrazo y los quiero…

Hermanos y hermanas, en especial hoy hermanos y hermanas franciscanos, erradiquemos la soledad, aprendamos a amarnos hasta que la muerte nos separe, abrazaos los unos a los otros ¡Bendito el ser que se acerca a Dios!